¿Reminiscencia Capitalista?

 

26-vallin_21Wilfredo Vallín Almeida

Muchos acontecimientos a lo largo de nuestra existencia pueden quedar en el olvido, pero otros dejan un profundo recuerdo que no desaparece. Y esos acontecimientos pueden haber tenido muchas manifestaciones ya que pueden estar dados por un hecho, un sueño, una omisión, una frase y hasta un cartel.

De los dos últimos mencionados, muy relegados ya en la memoria, de súbito me asaltan cuando menos lo esperaba: mientras veía un video que un amigo me había hecho llegar.

El video en cuestión se refiere a una investigación y varias detenciones realizadas por el Departamento Técnico de Investigaciones (DTI) de la Policía Nacional Revolucionaria. Los detenidos resultan involucrados en operaciones fraudulentas cuyo monto es la friolera de 33 millones de pesos.

El cartel que me viene a la memoria en ese momento es uno que vi no sé cuántas veces durante muchos años. Se trataba de una gran valla en una amplia avenida y que, sobre un fondo blanco destacaba en letras rojas:

El futuro pertenece por entero al socialismo.

Es un cartel que ya no he visto más, pero que estuvo presente en la juventud de los cubanos de la generación de los ´60, ´70 y ´80, cuando se daba por sentado que el “capitalismo agonizante” estaba en fase terminal y que, ¿quién podía dudarlo?, el socialismo resultaría victorioso.

La otra frase, que también me vino a la memoria junto al cartel es la siguiente:

El delito es una reminiscencia de la sociedad capitalista y desaparecerá en la medida del avance del socialismo.

Esa frase la leí muchísimas veces en los libros de texto de derecho y en los textos marxistas que los estudiantes universitarios teníamos que estudiar, y examinar obligatoriamente.

Viendo esta filmación, que termina con palabras del General-Presidente Raúl Castro donde admite que el robo en el país es gigantesco, a todas las instancias y a todos los niveles, y como por otra parte, creo verlo ahora más floreciente y vigoroso que nunca antes en la historia de Cuba, me resta entonces una sola pregunta:

¿Qué ha pasado con la “reminiscencia capitalista”?

 

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El Mercenarismo Conveniente

En una edición anterior de La Consulta, explicábamos que el término “mercenario” era usado para indicar a aquellas personas que militaban en unidades militares pagadas por gobiernos extranjeros en territorios de otros países y a favor de sus objetivos.

Esa denominación ha sido hace tiempo ya utilizada por el actual gobierno cubano para endilgarla a sus opositores y así desacreditarlos dentro y fuera del país rebajando su autoestima y dignidad.

Por supuesto que lo anterior no se ha aplicado nunca a las “fuerzas de tarea” que el socialismo tropical cubano envió a distintos lugares del mundo en dependencia y colaboración con la extinta URSS, colaboración que se enmarcaba más o menos así: la Unión Soviética ponía la logística (equipos, armamento, combustible, información , etc.) y Cuba ponía el material humano, los hombres que habrían de morir en aras no del mercenarismo pro soviético, sino del “internacionalismo proletario”.

Amén de la primera acepción que el concepto de “mercenario” tiene en los diccionarios consultados por este columnista, el término tiene una segunda interpretación en esos mismos libros, a saber:

– Persona dispuesta a realizar cualquier trabajo a cambio de una paga.

Diccionario Enciclopédico Océano.

– Se aplica al que percibe un salario por su trabajo o servicio.

Diccionario Maria Moliner de Uso del Español.

– El que sirve por estipendio.

Diccionario Manual VOX de la Lengua Española.

Es decir que todo aquel al que no pudiera aplicársele esta denominación por no caer dentro de la primera acepción (no pertenecer a agrupación militar alguna -léase armada– pudiera sin embargo estarlo dentro de esta segunda acepción por realizar un trabajo y cobrar por este.

Lo anterior sin embargo nos lleva entonces a otra consideración, o sea, a valorar el concepto de trabajo y su finalidad. Esta columna, sin embargo, no es para disquisiciones filosóficas sino para consideraciones legales.

De esta suerte, los diccionarios no establecen entonces diferencias para la aplicación de este concepto entre quienes trabajan para un gobierno dictatorial y reciben dinero de éste por sus servicios, y los que combaten por su libertad plena y reciben dinero de sus hermanos y amigos en el exterior para esa lucha. De no aceptar esta última consideración, tendríamos que considerar entonces mercenarios a José Martí, Máximo Gómez, Antonio Maceo y todos los otros próceres de al independencia cubana por haber aceptado dinero de los tabaqueros cubanos o de otras fuentes nacionales o extranjeras que quisieron ayudar.

Hasta donde sabemos, el Granma se compró con dinero proveniente de manos cubanas que ayudaron a su adquisición. Alijos de armas fueron enviados por gobiernos y personajes de otros países latinoamericanos. ¿Llamaríamos mercenarios al comandante Hubert Matos y otros revolucionarios de la época por esto?

Por supuesto sabemos cómo se manejan estas cosas: si el dinero era dado por o por los cubanos del exilio anti batistiano o, en su momento, por los rusos, la procedencia es honesta y plausible; si son los opositores al régimen actual cubano los que reciben contribuciones del exterior, eso es mercenarismo.

Es exactamente lo que ocurre con el manejo de otros conceptos: si se colocan en una noche 100 bombas en la Ciudad de La Habana, eso se llama “lucha revolucionaria” hayan muerto los que hayan muerto a consecuencia de ello.

Si en otro momento y lugar se hace esto contra el poder revolucionario, eso sólo puede denominarse…terrorismo. O sea que la definición se dará como se entienda más apropiada a quien la hace. Y lo mismo ocurrirá con el mercenarismo…será como ellos crean más conveniente, independientemente de lo que digan los diccionarios que, por supuesto, se equivocan en sus definiciones.

vallinwilfredo@yahoo.con

DERECHO DE REUNION EN LA LEGISLACION CUBANA

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Licenciado Wilfredo Vallín Almeida

En la legislación cubana el derecho de reunión, como otros muchos que contemplan las leyes nacionales, es objeto de un tratamiento muy particular. Para entender esto nos remitiremos, primeramente, al artículo 54 de la Constitución de la República en el que leemos:

“Los derechos de reunión, manifestación y asociación son ejercidos por los trabajadores, manuales e intelectuales, los campesinos, las mujeres, los estudiantes y demás sectores del pueblo trabajador, para lo cual disponen de los medios necesarios a tales fines. Las organizaciones de masas y sociales disponen de todas las facilidades para el desenvolvimiento de dichas actividades en la que sus miembros gozan de la más amplia libertad de palabra y opinión, basadas en el derecho irrestricto a la iniciativa y a la crítica”.

De lo anterior se desprende que son las organizaciones de masas y sociales las que gozan de las posibilidades para el ejercicio de éstos derechos y sólo en cuyo seno se goza ” de la más amplia libertad de palabra y opinión”, aunque este último aspecto – y la gran mayoría del pueblo cubano lo sabe- también es discutible. Evidentemente, la Ley de Leyes no garantiza en lo absoluto esos derechos fuera de las organizaciones de masas y sociales.

Por otra parte el artículo 209.1 del Código Penal vigente (actualizado) reza textualmente: ” El que participe en reuniones o manifestaciones celebradas con infracción de las disposiciones que regulan el ejercicio de éstos derechos, incurre en sanción de privación de libertad de 1 a 3 meses o multa hasta 100 cuotas”.

Por otra parte, y al parecer para no dejar ningún género de dudas, el artículo 62 de la Carta Magna expresa enfáticamente: “Ninguna de las libertades reconocidas a los ciudadanos puede ser ejercida contra lo establecido en la Constitución y las leyes, ni contra la existencia y fines del Estado Socialista, ni contra la decisión del pueblo cubano de construir el socialismo y el comunismo. La infracción de este principio es punible”.

El asunto que nos ocupa pone una vez mas de manifiesto la ambigüedad de la Constitución sobre derechos medulares de los ciudadanos. ¿Significa el artículo 62 en relación con el 64 de la propia Constitución y con el 209.1 del Código Penal que si tres individuos que se encuentran en una esquina y que intercambian impresiones en cuanto a una disposición gubernamental que les afecta, que consideran desacertada y, por ende la critican, están en una reunión ilícita y pudieran ser sancionados a grandes multas e incluso a prisión?

¿Pudiera interpretarse, y por quién, que ésa critica va en contra de la decisión del pueblo cubano de construir el socialismo? Es de antaño conocido que ni la ambigüedad ni las lagunas del derecho tienen cabida en las normas penales de un país y, con mucha mayor razón, no debieran tenerla en su Constitución.