Eufemismo, aunque no guste

foto: Ana Torricella

Wilfredo Vallín Almeida

De las múltiples necesidades del ser humano, quizás una de las más importantes, después de la alimentación, sea el de poseer una vivienda, un “techo” como acostumbra a decirse en nuestro país. Y ello es comprensible toda vez que la vivienda representa la seguridad, el descanso, la reunión y el lugar de la vida familiar.

La experiencia ha hecho que el logro de la morada y de la vida con determinada privacidad se busque cuando la persona va pasando de la adolescencia a la adultez, sobre todo cuando el individuo contrae nupcias.

“Quien se casa, casa quiere” reza un viejo refrán, y en efecto, esta ha sido siempre la pregunta de los futuros cónyuges:

–¿Dónde vamos a vivir?

La pareja que pueda vivir sola tiene, a no dudarlo, una gran ventaja en cuanto a la duración de su unión ya que no tendrán la intromisión ajena, siempre perturbadora de una forma u otra. Pudiéramos continuar con muchos más ejemplos en este sentido pero consideramos que, con lo dicho hasta aquí, se entenderá por dónde van los pasos.

La construcción de viviendas tiene aquí una gran importancia, sobre todo para las generaciones más jóvenes que necesitan imperativamente la solución de su problema habitacional. Allí donde la construcción se corresponde con el crecimiento de la población, las cosas marchan bien.

El problema está cuando, por la razón que se quiera: ya sea porque no se construyen viviendas suficientes o porque un día tienes que salir de la que poseías para la calle, entonces la situación toma tonos sombríos.

En la época anterior a la revolución en Cuba, el tema del desalojo campesino de sus casas por los dueños de la tierra (terratenientes o no) se consideró un atropello que motivó todo tipo de protestas, desde el artículo periodístico hasta discursos políticos.

Después de enero de 1959, muchas personas respiraron aliviadas: la posibilidad de desalojo había sido erradicada y no volverían a existir tales actos en el país.

Pasaron bastantes años antes de que volviéramos oír hablar de desa… perdón, de “extracción” (algo que me hace recordar al dentista cuando lo escucho) y que conocemos de cerca por las personas (muchas) que han acudido a la Asociación Jurídica Cubana con problemas de esa naturaleza. Y cuando uno escucha que un matrimonio aún joven, con seis hijos, el más pequeño de ellos de sólo días de nacido, no tienen donde vivir y se han metido en una casa sin luz eléctrica, sin agua, canibaleada durante años por estar deshabitada y a poco aparece la policía para conminarlos a abandonarla o los sacarán aún cuando tengan que emplear la fuerza, es imposible evitar preguntarnos:

¿Qué significa esto?, ¿Acaso ha desaparecido la compasión, el más elemental sentimiento de solidaridad si no ante la visión de los adultos, al menos ante esos niños?

Vecinos que pueden dar agua y luz a esas personas y no lo hacen porque temen buscarse problemas….¿hasta dónde llega su cobardía?

Este es uno, solamente uno de los casos que nos han llegado con esta situación. Este caso es de Alamar. Hay otros por muchas otras partes.

A eso se llama eufemísticamente ahora “extraer”. El diccionario dice que ese término es sinónimo de sacar, separar, arrancar…o desalojar aunque esta última expresión… no guste.

 

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Aquel periódico amarillo

Lic. Veizant Boloy González.

El viernes 29 de Julio de 2011, concluyó el debate de las Comisiones Parlamentarias, en cuyo seno se analizó la actualización del modelo económico.

Lo que se dio a conocer a la población es que “se está trabajando por…, se está analizando…, se está cumpliendo satisfactoriamente…”.

En resumen todas las Comisiones incrementaron, en mayor o menor medida, la eficiencia; y las que no lo hicieron en algún parámetro, lo justificaron, con esas consignas a las que nos han acostumbrado, de que trabajan en base a lograr el desarrollo del país y la satisfacción del pueblo.

Un periódico Granma, del miércoles 12 de Julio de 1989, ya amarillo por los años, fecha en la que yo era apenas un niño, tuve la oportunidad de hojear. Sinceramente lo tomé como un documento histórico.

Lo primero que me sorprendió fue el tamaño del diario, (el doble del actual), en su primera plana se emitía una noticia sobre los temas a debatir durante el 5to período de sesiones de la Asamblea Nacional, y desde ese entonces, ya era motivo de análisis el tema de la construcción, de los servicios y de la protección al trabajador.

Llegando hasta nuestros días, se evidencia el fracaso; pues es evidente la crisis habitacional y la escasez de materiales de construcción, el declive de los servicios, y qué hablar de la protección al trabajador, cuando hoy estamos en la era de la disponibilidad, o desempleo maquillado.

Me pregunto, ¿tendré que esperar 20 años más y leer otro periódico Granma en que se plasme lo mismo?