Vergonzoso

Veizánt Boloy

Las leyes hoy son usadas por algunos ciudadanos como papel de desecho. Si tomamos como ejemplo los actos de repudio seguramente cambiaran su juicio. A quienes por Ley se les tiene permitido realizar este tipo de acto.

Si se describen los actos que se realizan y gozan de impunidad no debemos pensar en –asesinato, homicidio o robo – pues esos son reprimidos por nuestro Código Penal Cubano. Nos referimos a  violaciones y delitos que se desprenden de estos hechos ilícitos.

Es un acto antijurídico, y mantener una actitud permisiva ante su ocurrencia, es doloso. El acto de repudio pudiera acarrear múltiples tipicidades delictivas, como desorden público, lesiones, amenazas, violación de domicilio; todas con una elevada peligrosidad social.

Según el texto constitucional todos estamos obligados al estricto cumplimiento de la ley. Claro está, sería utópico y un exceso de confianza dejarle al Consejo de Gobierno del Tribunal Supremo Popular el resolver esta problemática sin antes ser independientes del Poder Ejecutivo.

Si ciertamente en su función de administrar justicia y velar por el cumplimiento de la legalidad, los tribunales y fiscalías son los que permiten que estas acciones ilícitas e inmorales se susciten, entonces confirman la sospecha de muchos “el país es ingobernable”. Con el menosprecio a la ley nos formulamos  una pregunta ¿Qué es un país sin sus leyes?

Los Órganos de la Seguridad del Estado pertenecen al Ministerio del Interior, los que actúan impunes sin detenerse en gastos. Lo que pueda suceder será considerado “daños colaterales”, por tanto se les justificaría cualquier daño.

El Código Penal Cubano en su artículo primero define como uno de sus objetivos el de contribuir a formar en todos los ciudadanos la conciencia del respeto a la legalidad, del cumplimiento de los deberes y de la correcta observancia de las normas de convivencia.

En nuestra legislación penal no existe un artículo específico que castigue este actuar reprochable de ahí que los denigrantes actos en contra de “los  más peligrosos para la Patria”, son sin duda el obrar de muchos en un país ubicado en Marte.

Para comenzar, se debe interiorizar cuán difícil resulta crear una verdadera nación, con respeto al prójimo, y olvidar todo ese odio visceral a quien piense distinto. Sin embargo, pese a  todo esfuerzo gubernamental, cada día es mayor el número de personas que quieren también un cambio y  por miedo no lo exigen.