SABIA USTED QUE…?

Concepción marxista sobre el surgimiento del Estado

Según la concepción marxista de la historia, el hombre jamás ha vivido fuera de la sociedad, sino que siempre ha sido un ser social. Los marxistas consideran al Estado como un órgano de coacción y fuerza que nace de la división de la sociedad en clases antagónicas.

El Estado, lejos de ser la organización de la voluntad general, es un órgano de autoprotección y autorregulación: la organización política que refleja las necesidades, los intereses y la ideología de la clase económicamente victoriosa en el proceso histórico. En el devenir histórico el Estado, creado por la sociedad, tiende a dominar la sociedad misma, pero en beneficio exclusivo de las clases poseedoras. Por ello no es cierto que el Estado se desligue de las clases sociales que integran una sociedad dada y se coloque como un órgano distinto al margen y por encima de los intereses que las ponen en movimiento sino que, por el contrario, él mismo no es más que un instrumento político de que se vale una clase para someter y oprimir a los demás.

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SABÍA UD. QUE…?

Teorías sobre el establecimiento del Estado

Si admitimos que los hombres primitivos vivían independientemente, será necesario explicar cómo llegaron a formarse las sociedades ya que, a lo largo de la Historia, la norma ha sido la vida social. Las controversias sobre la autoridad política y las instituciones sociales en general han llevado a los hombres a investigar su origen y sus primeras formas.

Así, han aparecido múltiples teorías sobre el surgimiento de las asociaciones humanas permanentes, esto es, sobre la formación de las sociedades y las unidades políticas o de gobierno que se llaman Estados. Algunas de estas teorías son:

1. Teoría teológica del surgimiento del Estado.

2. Teoría de las “soluciones históricas” del origen del Estado.

3. Teoría marxista sobre el surgimiento del Estado.

4. Teoría del Contrato Social.

SABIA USTED QUE…?

Soluciones “históricas” del origen del Estado

Algunos autores han mantenido que el Estado ha tenido su origen en los acontecimientos históricos, en la evolución natural de la sociedad, impuesta por la naturaleza humana.

El hombre es sociable por naturaleza, siempre ha vivido en sociedad, pero la sociedad primitiva era una sociedad natural, no era el Estado, han sostenido esos autores. Esas sociedades naturales se transformaron en políticas, en Estados, de un modo natural y por la necesidad, debido a su mismo crecimiento que originó la necesidad de establecer autoridades y leyes para mantener el orden social y de organizarse para el ataque y la defensa de otros grupos humanos.

Así, de un modo natural, por evolución, es como se formó el lenguaje y la sociedad natural humana se transformó en sociedad política, en Estado, pasando desde entonces hasta hoy por muy diversas fases.

UNA ASOCIACION NECESARIA Y DIFERENTE

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“Así dijo el Señor: Guardad
derecho y haced justicia…”
(Isaías 56:1)

Argelio M. Guerra

Si de algo tendrían que jactarse y lamentarse, respectivamente, el gobierno y pueblo cubanos al cabo de 50 años de revolución, es por el mantenido desinterés en la promoción y divulgación de las leyes nacionales por parte del primero, y de la total indiferencia respecto al conocimiento de sus derechos, deberes y de las leyes y disposiciones que los gobiernan por parte del segundo, todo lo cual ha conducido a un estado de cosas donde, tanto gobierno como pueblo, conviven por provecho propio al margen del cumplimiento de la ley, hundiéndose al país en un profundo abismo de incoherencia y anarquía social.

Media centuria de penurias y penalidades, en la mayoría de los casos añadidas por la ignorancia, intencional o no, en materia jurídica, sobrecargan ya con toneladas de pesares la espalda del pueblo cubano. Según la clásica ortodoxia marxista, a las vicisitudes propias del imprescindible período de tránsito y etapa socialista, período por demás largo y complejo de acuerdo con los fundadores alemanes, como pasos previos para el disfrute del idílico paraíso comunista, habría que agregar en el caso cubano, las calamidades de otro periodo, el especial, no menos funesto y que a todas luces parece igualmente interminable.

Tomando en consideración estas realidades, y como parte de los esfuerzos que desde la sociedad civil se articulan para intentar de algún modo enderezar el torcido tronco social, es que coinciden un grupo de abogados en la brillante y plausible idea de dar vida a la Asociación Jurídica Cubana (AJC) con la original motivación de mitigar la orfandad jurídica en el seno del tejido social y exigir el respeto a la ley tanto por los gobernantes como por los gobernados. Si tendría que caracterizar a la aún joven asociación, no se me ocurren mejores calificativos que necesaria y diferente. Necesaria, por cuanto inevitablemente para el mantenimiento del orden ciudadano y dada la determinación de su propia naturaleza es indispensable que los actores cumplan con las reglas establecidas del juego social.

Diferente, por apropiarse del espíritu evangélico de no hacer distinción de personas y poner sus servicios en las manos de quien los necesite sin importar la filiación ideológica de cada cual, eso si, con la invariable premisa -como sello distintivo- de apostar por el respeto y protección a los derechos de la persona humana, y especialmente de los más vulnerables.
Con tales credenciales, como cristiano y cubano levanto las dos manos para agradecer a Dios por contar, enhorabuena, con tal asociación con tan nobles propósitos.