¿Y cómo quedo yo?

9-corrupcionLic Kirenia Domínguez

La corrupción política de los gobiernos hoy en día es un mal de fondo que trae consigo fraude, extorsión, chantaje, malversación, todo con el fin común de adquirir ventajas fraudulentas. Cuando la corrupción choca con la transparencia, se produce un estado de confusión que transforma una sociedad íntegra en cómplice del laberinto que no muestra la luz al final del túnel.

El cohecho es el delito en que incurre una autoridad o funcionario público si acepta o solicita una dádiva a cambio de realizar u omitir un acto inherente a su cargo. Es muy fácil encontrarse este delito en el quehacer cotidiano por parte de las autoridades y demás funcionarios, quienes deberían de mantener el orden y equilibrio de la sociedad basados en la moral y la ética.

En nuestro país se ha convertido en una práctica cotidiana la comisión de esta figura delictiva. De forma activa o pasiva, sin que nadie sea capaz de ponerle coto, ya sea por miedo a la reacción del Estado o por estar de algún modo, directo o indirecto relacionado con el asunto.

En nuestra Ley de Procedimiento Penal artículo 218, está regulado el deber de denunciar que tiene todo ciudadano cuando conoce de la comisión de hechos que son punibles por las leyes establecidas por el Estado. Pero cuando la comisión de este tipo penal proviene, por un lado de la población y del otro por los funcionarios ante los cuales hay que formular la denuncia, entonces, ¿hacia dónde dirigirse para cumplir con con el precitado artículo? La corrupción se encuentra enraizada en las unidades de la PNR quienes dejan pasar y se hacen los de la vista gorda; en los funcionarios públicos que agilizan la tramitación de un asunto y acortan términos legales a cambio de dádivas, en los inspectores que llevan consigo siempre una jaba que engorda con el transcurso del día.

Entonces la respuesta a semejante interrogante queda en el vacío o simplemente genera mentiras, mentiras que salen a la luz con el día a día y aunque nos mostremos inalterables ante tal asunto, van socavando nuestra integridad moral y ética, porque callar nos hace cómplices. Pero si el silencio nos es la respuesta certera y la denuncia queda en suspenso, entonces, ¿cómo quedo yo?

 

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David y Goliat

4 guy-book-young-man-opened-hands-44992012Lic. Yasmany Orges Lugo.

Abogado: es aquella persona con título de grado habilitado conforme a la legislación de cada país, que ejerce el Derecho, en asistencia de terceros, siendo un colaborador activo e indispensable en la administración de la Justicia de un país. O sea, abogado, no solo es ser defensor de la justicia, sino que con su asesoramiento realiza una función preventiva en pos de evitar conflictos sociales.
En Cuba todos los abogados somos formados en una misma institución universitaria, y en teoría podemos aspirar a las mismas posiciones laborales, llegamos a obtener las mismas destrezas y conocimientos que se necesitan para ser un buen jurídico; pero solo en teoría ya que cada persona es un ser independiente con valores y coeficientes distintos.
En cuanto a la formación de nosotros los jurídicos o de dónde provenimos, es también algo variable, ya que algunos provienen de Facultades provinciales y otros de las Sedes Universitarias Municipales creadas a todo lo largo del país como parte del proceso de Universalización llevado a cabo por el Ministerio de Educación Superior.
Se nota una gran diferencia entre los graduados de las Universidades Provinciales y los de las Municipales, pues los primeros cuentan con un mejor claustro de profesores (integrados por Doctores, Masters y pedagogos de años), se exige un mayor rendimiento, régimen de estudio y se cuenta con la base material de estudio necesaria para la investigación y la preparación individual; mientras que en la instituciones municipales se hacen un tanto flexibles estas características.
Al graduarnos, sigue habiendo diferencias en cuanto a las opciones de trabajo y la ubicación laboral, pues a los egresados de las Universidades Capitalinas se les ubica en centros afines con la carrera, donde pasan su servicio social desenvolviéndose en el mundo del derecho, alcanzando mayor nivel cognoscitivo, en tanto los graduados municipales, en su mayoría, guardan el título “bajo el colchón” pues tienen que conseguir, para desarrollar lo aprendido, un puesto laboral mediante relaciones o esperar que se desocupe alguna plaza en un Bufete, Tribunal, Fiscalía, Consultoría Jurídica… lo cual trae consigo un divorcio con lo refrendado en el título del cual eres acreedor. Entonces surge la clásica pregunta: ¿para qué estudié Derecho? Mirándolo desde este punto de vista, tienen razón aquellos que expresan: –esos universitarios no tienen preparación alguna.
Mi objetivo no ha sido comparar a unos ni a otros, pues al final todos pasamos por esa etapa fascinante de ser estudiantes universitarios y el título de Licenciado en Derecho no expresa ni el promedio acumulado, ni la universidad de que proviene.
Lo que quiero hacer notar con este comentario es la existencia de prejuicios y testimonios negativos referidos por algunos profesionales de la misma rama hacia sus colegas como al que hacía alusión anteriormente. Creo que todo va en la persona y el interés que dedique a la preparación, ser mejor cada día, investigar y crecerse ante los obstáculos que aparezcan en el camino de la superación personal, sin importar quiénes fueron sus profesores, de qué Universidad viene y qué cargo ocupe dentro del sistema jurídico.
Este es el Goliat que a muchos afecta, pero basta creerse un David para darle al mundo otra enseñanza de grandeza.