Asociación Jurídica Cubana.Filial de Santiago de Cuba.

13 fumeroLic. Alberto Fumero Batista.

Hace poco recibí por un amigo la información de que, luego de ser notificados los diferentes órganos de justicia del territorio de las actividades de corte opositor e independiente del Licenciado en Derecho Alberto Fumero Batista, en las distintas unidades de Bufetes Colectivos de Santiago de Cuba, me convertí de nuevo en la noticia del día en los matutinos de inicio de semana.

Las opiniones fueron diversas; no podía ser de otra forma, tratándose de la organización de donde provengo y en la que me desempeñé de forma ininterrumpida por alrededor de veinte años.

La comunicación oficial tuvo diversos matices pero en sentido general se hacía referencia a que estaba o había creado un grupo opositor en la provincia, que cuenta con un sitio digital en el que se desacredita a los órganos de justicia y en contra de los Bufetes Colectivos y del trabajo de los abogados, todo ello con el marcado interés de provocar el rechazo hacia mi persona, pues al mismo tiempo alegaron que el grupo tenía muy pocos integrantes, lo que demuestra a juicio de la comunicación, la poca acogida de la nefasta iniciativa, al tiempo que advirtió al auditorio sobre la labor de captación en la que estaba inmerso.

Hubo quien me comparó con un abogado que habiendo salido de la organización de bufetes y perteneciendo a un grupo disidente, se aprovechó de la buena voluntad de una abogada que respeto y admiro al punto de considerarla mi amiga, y le grabó una conversación telefónica que luego hizo llegar a una emisora radial en el exterior, todo ello sin el consentimiento de la letrada que, indudablemente, pudo verse comprometida con semejante insolencia.

Cualquiera que me conozca medianamente advertiría las diferencias entre ese señor y yo, que jamás me prestaría para cometer actos de la naturaleza descrita, no solo contra un amigo o ex compañero de trabajo, sino hasta con un desconocido.

En el Bufete en el que laboré por muchos años, se han tomado medidas para regular mi comunicación y relación con antiguos colegas. Hubo un directivo que de forma enfermiza, mandó a un trabajador a seguirme hasta la oficina de un abogado con el que valoraba un asunto que le había recomendado como ya se ha hecho costumbre, después de varios años fuera del ejercicio de la profesión.

Este infeliz y penoso incidente, aunque en aquel momento movió a risa por la comicidad y torpeza con que dio cumplimiento a su misión el personaje encomendado, hace reflexionar hasta qué insospechados límites pueden llegar las personas que no se respetan ni se dan a respetar, que se dejan manipular y quedan anulados como personas en contra de sus propios intereses.

Los que hablan de más porque así se les indica, y los que lo hacen por mero gusto, no saben nada de lo que dicen que saben. Mi incorporación a la Asociación Jurídica Cubana nace de la motivación que siempre he tenido por criticar lo mal hecho, venga de donde venga y en cualquier tribuna.

Los que me conocen saben que si hubo algo que me caracterizó en el ejercicio de la profesión, fue decir la verdad sin miedo de asumir las consecuencias. En las Salas de Justicia, muy pocos se arriesgaron a denunciar como yo lo hice, a emplazar a quien yo emplacé o a participar como yo en procesos muy complejos, como el controvertido caso de los 75 en el que defendí a José Daniel Ferrer García en su condición de acusado principal.

Por ello me uní a la AJC y me siento orgulloso por pertenecer a la misma, donde soy libre para expresar mis ideas, sin miedo a represalias ni al qué dirán porque como bien decía el más ilustre de los cubanos: El respeto a la libertad y el pensamiento ajenos, aún del ente más infeliz, es mi fanatismo. Si muero o me matan será por eso.

No le temo tampoco a la manipulación ni a otros métodos mal intencionados porque ningún daño me pueden hacer, envuelto como estoy en la coraza de amor y de libertad de expresión que nos legó Martí.

Y mientras esperamos ese momento de gran ilustración, yo le rindo tributo a su memoria haciendo lo que él hubiera hecho, lo mismo a partidarios que a detractores, cultivando para todos ellos… una rosa blanca.

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En Verdad

Wilfredo Vallín Almeida

Por un momento pensé que todo transcurriría sin incidentes, que el cortejo fúnebre llegaría sin percance hasta la necrópolis de Colón y los restos mortales  del Premio Sajárov de Derechos Humanos, Oswaldo Payá Sardiñas,  serían despedidos en paz.

Desde mi lugar en la larga hilera de vehículos  -quizá teníamos el puesto 16 o 17 en la columna-,  pudimos notar  que algo ocurría a la cabeza de la fila que se detuvo sin que los de atrás supiéramos con exactitud que ocurría. Varios minutos después la marcha se reanudó.

Al llegar al cementerio y darme cuenta de la ausencia de Antonio Rodiles, director de Estado de SATS y los amigos que  viajaban con él, indagué por ellos.  Así supe lo acontecido: una gran riña en Calzada del Cerro, con la intervención violenta de la policía con golpes y palos, y  la detención de alrededor de cincuenta personas, todos opositores que, en ómnibus de las Fuerzas Armadas allí casualmente, fueron conducidos a la unidad de policía de Tarará.

Ya en mi casa, me preparaba para salir en busca de los desaparecidos, cuando una llamada de la madre de Antonio me informó que, al parecer, éste y otros amigos estaban detenidos en la cuarta unidad de la Policía en Infanta y Manglar, en la barriada del Cerro.     Les dije que me encontraría con ella y su esposo, que ya salían para allá.

Una vez más empezamos a chocar con lo que dicen las leyes del país, y lo que hacen los  miembros del Departamento de la Seguridad del Estado.

Al llegar a esa unidad de la PNR, no había aun nadie conocido en los alrededores. Decidí entrar para averiguar si realmente Antonio y otros amigos estaban allí. Me atendió el oficial de guardia, con grados de Mayor.  Él buscó en un papel que tenia, respondiéndome que esas personas NO ESTABAN EN SU LISTA DE DETENIDOS:

Le dije entonces que ellos podían haber sido conducidos a esa Unidad por agentes de la Seguridad. Hizo una llamada. Luego de colgar me confirmó que, en efecto, estaban detenidos en ese lugar.

Las razones por las cuales la policía política lleva a muchos de sus detenidos o citados a las estaciones de la policía nacional en vez de hacerlo a una de sus instalaciones, no son muy evidentes, aunque existen muchas versiones.  Lo que sí está claro para nosotros es que el artículo 244 de la Ley de Procedimiento Penal establece:

Al efectuarse la detención de alguna persona se extenderá de inmediato un acta en que se consignará la hora, fecha y motivo de la detención así como cualquier otro particular que resulte de interés. El acta será firmada por el actuante y el detenido.

Cuando, alrededor de las diez de la noche el periodista independiente Julio Aleaga Pesant fue puesto en libertad, supimos que nunca le llenaron un Acta de Detención. Esto tampoco ocurrió con Ailer González Mena ni con otros muchos detenidos.

Sí lo hicieron, a la mañana con Antonio Rodiles en un Acta en la que la detención pretendía justificarse como “de interés para la CI” (Contrainteligencia)”.

Pudiera equivocarme, pero creo que esto último se debió a que ya habíamos  señalado a los oficiales de la PNR y de la Seguridad  con los que hablamos que precisamente la ausencia de  esas Actas, hacía ilegales las detenciones y los detenidos debían ser puesto de inmediato en libertad.

Desde el principio hubo dos cosas evidentes para todos los ciudadanos que nos reunimos frente a la unidad policíaca en solidaridad con los detenidos:

1)    Que la PNR de esa Unidad no estuvo muy complacida con lo que allí ocurrió. El trato de sus oficiales para con nosotros fue mesurado, correcto, sin prepotencia,  para nada irrespetuoso y trataron todo el tiempo de solucionar aquello, hasta donde les fue posible, sin violencia y en  un marco negociador.

No podemos decir lo mismo de los agentes de la Seguridad participantes.

2)    Que el nivel de decisión sobre lo que sucedido allí estuvo siempre en otra parte mucho más alta,  y donde lo regulado por un simple articulito de la Ley de Procedimiento Penal no parece tener, En Verdad, ninguna importancia.