Para nosotros mismos

consumo6-vallin_21Wilfredo Vallín Almeida
Sociedad de Consumo. Un término muy utilizado en Cuba para estigmatizar al capitalismo imperante en gran parte del mundo. Según este término, se trata de aquella sociedad que estimula un consumo muchas veces artificial y exagerado de productos que no son realmente necesarios o imprescindibles y cuya adquisición resulta superflua para la satisfacción humana u hogareña.
Sin embargo, pudiéramos estar chocando con un contrasentido.
En los centros de enseñanza cubanos durante muchos años se habló de lo que constituía una poderosa razón de ser del sistema socio-político imperante. El socialismo era “la satisfacción de las necesidades siempre crecientes de la población”. O sea, que las necesidades (las materiales y las espirituales) no tendrían una satisfacción definitiva y absoluta por cuanto serían “siempre crecientes” ad infinitum y, por ende, la sociedad debería estar en una perpetua búsqueda de esas satisfacciones cambiantes y crecientes.
Eso es lo que he encontrado en mi  visita a Europa. Es como si las fuerzas productivas en movimiento en el seno de la sociedad estuvieran buscando de modo permanente la forma de satisfacer las necesidades sociales, con posibilidad para todos los bolsillos, en una perpetua facilitación de las necesidades personales, y que me hace preguntarme: ¿no era así lo que alguna vez concebimos por “socialismo” como etapa superior al capitalismo?
No se interprete de estas palabras que he visto una sociedad perfecta. El Estado ideal no existe, en todos concurren problemas de diferente índole que van desde crisis económicas hasta corrupción de altísimos funcionarios y dignatarios.
De lo que se trata es que, a la hora de las comparaciones, unos son preferibles a otros; y estos otros, mejores que unos terceros donde las condiciones son espantosas comparativamente hablando.
Hay otros factores edificantes. Me refiero al respeto a la ley que se respira, al orden y la disciplina sociales, a la educación de las personas, al comportamiento en los niños, a la limpieza por doquier y a un sin número de factores más que quisiera… para nosotros mismos.

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LA LEY DICE

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Argelio Guerra Aliaga

Sobre los derechos de Reunión y de Asociación

El Artículo 54 de la Constitución cubana establece que “los derechos de reunión, manifestación y asociación son ejercidos por los trabajadores, manuales e intelectuales, los campesinos, las mujeres, los estudiantes y demás sectores del pueblo trabajador, para lo cual disponen de los medios necesarios a tales fines…”

En la disposición constitucional anterior es posible distinguir varias consideraciones:

  • Los derechos de reunión y de asociación se establecen bajo la condición de garantía a trabajadores clasificados en organizaciones previamente establecidas, limitación que excluye de tales derechos a los individuos que no se encuentran insertados en los grupos declarados oficialmente.
  • Se garantiza el ejercicio de tales derechos con la condición del uso de los “medios necesarios”, sin el empleo de los cuales no se reconoce la posibilidad de materializar la práctica de estos derechos.
  • Se infiere, por tanto, la consagración constitucional no de derechos con carácter universal disponibles para ser ejercidos por todos, sino que de plano se deslindan quienes son los actores facultados para ejercerlos, coartándose de esta manera la libertad y los derechos individuales.
  • Se pone de manifiesto en tal caso, el carácter restrictivo de la preceptiva constitucional, sobrevalorándose como programa de acción dirigido a un pragmatismo político absoluto, en detrimento de la función del magno texto que requiere ser objetivado a través de leyes ordinarias para su desarrollo.