Creeré

4 puño6-vallin_21Wilfredo Vallín Almeida

No están aún lejos los tiempos en los que hablar de Derechos Humanos en Cuba era algo así como blasfemar groseramente en un templo religioso.

Ahora resulta interesante, aunque sólo sea en forma muy breve, repasar la cronología de este fenómeno en la historia del evento socio-político conocido como la “revolución socialista cubana”.

En un momento las personas etiquetadas como “de los derechos humanos” eran algo así como lo más execrable de la sociedad, y merecían todas las ofensas, las persecuciones y los castigos.

Pero ello no era nuevo en el decursar de la humanidad. Lo habíamos visto ya en la historia antigua y reciente del mundo: para lograr el triunfo de una idea, aun siendo valiosa, muchas veces se precisa de grandes sacrificios cuando los que se oponen a ella detentan el poder suficiente para intentar (y a veces lograr) aplastarla.

Ejemplos sobran: los seguidores de Cristo en la Antigua Roma, la lucha de Lutero con su Reforma, la resistencia a las ideas de Hitler y Mussolini en Europa, los negros norteamericanos por la igualdad racial y muchísimas otras luchas llevadas a cabo en pro de derechos inalienables.

Precisamente, y gracias a las enseñanzas de la Historia, es que no nos resulta raro escuchar ahora como en un lugar como nuestra Asamblea Nacional del Poder Popular se empieza a hablar de garantizar “todos los derechos humanos de todos los ciudadanos”.

Pero, para llegar a escuchar esto medió también en nuestro país una lucha, no siempre pacífica, que significó incluso la expulsión del centro de estudios, del trabajo y, muchas veces, incluso la cárcel para los que se atrevieron a enarbolar y defender públicamente esos derechos.

Con el tiempo, sin embargo, se comenzó a hablar de “los derechos humanos que defendemos”. Comenzaba a admitirse, aunque tangencialmente, la existencia derechos humanos, pero solo aquellos que la dirección gobernante escogía.

Lo cierto es que, cuando es sostenida y justa, ese tipo de lucha llega a ser reconocida hasta por sus más vehementes detractores.

Constantino legitimó la religión cristiana en 313 después de Cristo: ¡Quién lo diría entonces!

No obstante, esta lucha no ha terminado todavía. Aun quedan capítulos por escribirse.

En Cuba hoy las opiniones están divididas. Hay quienes creen que los cambios implementados por el gobierno son los correctos y al ritmo necesario. Otros piensan diferente.

Personalmente creo que todo cambio que beneficie al pueblo es bueno, por pequeño que sea. No obstante, una lentitud exagerada después de aguardar más de medio siglo por mejoras, me parece una excusa pueril.

Por otra parte, soy de los que piensan, como Santo Tomas de Aquino, que vista hace fe.

Así, cuando:

  • se cree en la Asamblea Nacional del Poder Popular una Comisión de Derechos Humanos que realmente se ocupe del asunto como corresponde,

 

  • cuando se restablezca el Tribunal de Garantías Constitucionales que proteja realmente esos derechos ciudadanos y

 

  • cuando se separe total y absolutamente al Poder Judicial del resto de los Poderes del Estado y en realidad se someta sólo a la ley, sin ninguna interferencia de esos otros poderes,

entonces y solo entonces… Creeré.

 

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¿Utopía o realidad?

foto: Marcelo López Bañobre

Lic. Rodrigo Chávez Rodríguez

No se necesita ser avezado en materia económica, para darse cuenta de las carencias que la inestabilidad en todas las esferas trae consigo; cada despertar resulta un compás de espera y nos hace imaginar que estamos soñando, aún cuando ya sea por la tarde.  Ir a un mercado, a una tienda, siempre genera una relación entre los clientes y la entidad representante del Estado. En todos o en casi todos los establecimientos, se ha establecido un llamado “buzón de quejas y sugerencias”, que no hace honor a su encomienda ya que con solo mirar dentro, es de esperar que esté vacío, no porque no se formulen quejas o se hagan sugerencias, sino por obra y arte de quien está al frente de dicha entidad.

Por regla general, las quejas caen en saco roto y por regla general reclamar, “como está establecido”, significa, “oídos sordos”, entonces, cómo reclamar nuestros derechos, que dicen estar amparados por la ley, Ley que aunque viva en el tiempo y espacio, no es respetada.  Siempre recuerdo a Benito Juárez cuando sentenció, EL RESPETO AL DERECHO AJENO ES LA PAZ, y paz y respeto, es lo que merecemos los cubanos.  Solo pensar en esto, ya sería una utopía de nuestra parte. Duele como se maltratan y pisotean nuestros derechos refrendados constitucionalmente, se hace “oídos sordos” a ellos, no solo de pan vive el hombre, hace falta vergüenza y decoro, y es que cuando en ocasiones recibimos un buen trato, detrás está amañado el irrespeto a nuestro derecho, derecho a recibir el vuelto por una compra o un servicio recibido, derecho a que no solo se atiendan las quejas, que por regla general, constituyen señalamiento a deficiencias o dificultades, las que siempre contarán con la bendición de quienes deben enfrentarlas.

La Asamblea Nacional del Poder Popular estuvo  sesionando la semana pasada, es preocupante que temas tan puntuales no fueran debatidos.  Si se supone que los lineamiento del Partido fueron discutidos por todo el pueblo, y se recogieron las quejas y sugerencia formuladas, indudablemente estos derechos serían una preocupación para la dirigencia, se ha hablado del desabastecimiento en la red comercial, pero nada se ha dicho de las causas que lo originan, ¿hasta cuando se estaremos escuchando discursos retóricos y no convincentes o resolutorios?, ¿qué más tenemos que esperar?
Otra cuestión que me ha llamado la atención, fue la intervención del Vicepresidente  Marino Murillo, cuando planteó, que “se va a liquidar el Plan del 2011”, cómo es posible que “sobre dinero o no se ejecute” cuando lo correcto sería haberlo empleado todo en paliar las necesidades nos satisfechas de nuestro pueblo, ¿sobre qué base objetiva, se podrá establecer el presupuesto para este año? ¿Cuáles fueron las causas por las que no se empleó dicho dinero?, ¿quién es el responsable máximo?, ¿ante quién responde?, ¿cómo emplazarlo públicamente?, ¿es o no un derecho nuestro?, ¿es una utopía o una realidad?

Lo que el enemigo ha de oír es solamente la voz de ataque
José Martí

Aquel periódico amarillo

Lic. Veizant Boloy González.

El viernes 29 de Julio de 2011, concluyó el debate de las Comisiones Parlamentarias, en cuyo seno se analizó la actualización del modelo económico.

Lo que se dio a conocer a la población es que “se está trabajando por…, se está analizando…, se está cumpliendo satisfactoriamente…”.

En resumen todas las Comisiones incrementaron, en mayor o menor medida, la eficiencia; y las que no lo hicieron en algún parámetro, lo justificaron, con esas consignas a las que nos han acostumbrado, de que trabajan en base a lograr el desarrollo del país y la satisfacción del pueblo.

Un periódico Granma, del miércoles 12 de Julio de 1989, ya amarillo por los años, fecha en la que yo era apenas un niño, tuve la oportunidad de hojear. Sinceramente lo tomé como un documento histórico.

Lo primero que me sorprendió fue el tamaño del diario, (el doble del actual), en su primera plana se emitía una noticia sobre los temas a debatir durante el 5to período de sesiones de la Asamblea Nacional, y desde ese entonces, ya era motivo de análisis el tema de la construcción, de los servicios y de la protección al trabajador.

Llegando hasta nuestros días, se evidencia el fracaso; pues es evidente la crisis habitacional y la escasez de materiales de construcción, el declive de los servicios, y qué hablar de la protección al trabajador, cuando hoy estamos en la era de la disponibilidad, o desempleo maquillado.

Me pregunto, ¿tendré que esperar 20 años más y leer otro periódico Granma en que se plasme lo mismo?

Leyes a capricho

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Lic.Lritza Diverzent

Llegar a las puertas de la Asamblea Nacional con una propuesta legislativa es una hazaña, prácticamente irrealizable, a la luz de la legislación vigente en Cuba.

Sin embargo, desde hace dos años, la hija del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministro, y directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), Mariela Castro, promueve una serie de iniciativas legislativas. Sus empeños son parte de la campaña contra la homofobia.

A principios de este año Mariela declaró, que una de sus propuestas es un decreto-ley sobre identidad de género, para permitir que los transexuales puedan oficializar cambios de sexo, sin necesidad de someterse a cirugía. La Asamblea Nacional aprueba leyes. Los decretos-leyes son adoptados por el Consejo de Estado.

No hay duda que ella utilizará la relación de parentesco que la une al presidente de este órgano, para lograr sus objetivos, posibilidad que no tienen otros actores sociales. ¿Es esto igualdad social, política y jurídica?

Para nadie es un secreto que Mariela Castro tiene la posibilidad de hacer propuestas legislativas, por ser la hija de quien es. Recordemos la iniciativa presentada al Parlamento cubano, en el 2002, por Osvaldo Payá y que fue rechazada.

También trabaja en la presentación de un anteproyecto de ley a la Asamblea Nacional del Poder Popular. La iniciativa legislativa tiene la intención de modificar el vigente Código de Familia, permitiendo la legalización de las uniones entre homosexuales.

Legalmente sus propósitos no tienen fundamento. El CENESEX, que ella dirige, no es una organización de masas. No es, por tanto, uno de los sujetos reconocidos por la Constitución de la República para proponer leyes al parlamento.

Los homosexuales cubanos no están organizados en asociaciones con reconocimiento estatal. Significa que no tienen la más remota posibilidad de tener representatividad en el parlamento, y, por tanto, de participar en la vida política de la nación.

Es evidente que sin la intervención de la hija de Castro, las altas esferas del poder jamás se hubiesen interesado por tocar el tema de los derechos de este grupo.

La represión contra los homosexuales en la Isla continúa. Principalmente si éstos disienten del régimen. La situación de estas personas no es asunto del CENESEX, empeñado, en estos momentos en el despliegue de una campaña simbólica por la tolerancia.

La situación obliga a preguntar: ¿qué garantía tiene este grupo social, para ejercer sus derechos, si el resto de las prerrogativas humanas reconocidas en el sistema jurídico son seriamente violentadas?

La ley no es una cuestión de capricho: la homofobia no se elimina con fórmulas legislativas.