Contaminación acústica

Lic. Kirenia Dominguez

Hoy en día el ruido provocado por las actividades de ocio, principalmente la música callejera, es una de las causas fundamentales de la contaminación acústica. Este exceso de sonido altera las condiciones normales del medio ambiente, causando daño psicológico y fisiológico a las personas expuestas a más decibelios de los establecidos por la ley.

El ruido produce afectaciones fisiológicas como pérdida total o parcial de la audición, estrés, alteraciones del sueño, disminución de la atención, falta de rendimiento y agresividad, entre otras.

A todo lo antes referido se ha encontrado expuesta la familia de Guillermo durante 16 años. Víctimas del intenso ruido proveniente de la Casa de la Cultura de su localidad, impidiendo el descanso de su familia la cual tiene una avanzada edad.

Lo alarmante del caso está dado por la falta de atención prestada al anciano por parte de los organismos e instancias a las cuales se ha dirigido en incontables ocasiones, haciendo uso del derecho que le otorga la Constitución de la República en su artículo 63 el cual refiere que, todo ciudadano tiene derecho a dirigir quejas y peticiones a las autoridades y a recibir la atención y respuestas pertinentes en plazo adecuado, conforme a la ley.

Lo que ha obtenido es la negación rotunda a disminuir el ruido, más de la mitad de las veces silencio administrativo y en una ocasión la golpiza propiciada por elementos de la sociedad en respuesta al reclamo de este señor, pues la policía no cumplió con su trabajo.

Esta familia, que incluye a una señora de 96 años, es víctima de las consecuencias producidas por la contaminación acústica a que han sido expuestos durante años. Pues todos, por dictamen médico, padecen pérdida severa de la audición y serios trastornos psicológicos.

El derecho a disfrutar de un medio ambiente sano, es reconocido constitucionalmente como un derecho humano de tercera generación, por lo cual el Estado es responsable de garantizar y velar porque se cumpla lo establecido en las leyes internas y en los pactos internacionales que regulan la materia. Pero, ¿hasta dónde esto es real? O acaso ante el desgaste de valores que sufre nuestra sociedad se fortalecen aún más actitudes negativas que alimentan la corrupción y las ilegalidades.

 

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