El exceso de justicia es injusticia

9 yaneliysLic. Yanelis Ramirez Cruz

Urbano Rodríguez Amat, es un viejo conocido. Tiene 63 años y desde hace 23 es soldador de la Empresa de Refrigeración y Calderas. Durante toda su vida laboral ha mantenido una excelente conducta. Hacía tres meses se encontraba de licencia no retribuida, para cuidar a su madre postrada. El día que debió incorporarse al centro, se le presentó una situación emergente, tuvo que hospitalizarla y no pudo asistir los cinco días subsiguientes. Cuando se presentó a la entidad, ya tenía elaborada la medida disciplinaria de separación definitiva por ausencias injustificadas. Los “factores” tomaron la medida sin evaluar las causas.

La aplicación de cualquier sanción o medida, –como se le quiera llamar–, debe cumplir un doble objetivo: evitar de manera inhibida toda acción similar y al mismo tiempo educar al infractor del orden y que interiorice las razones por las cuales no debió seguir dicha conducta. El primer objetivo es el que más rápido se logra, el segundo es de un alcance a largo plazo y en ocasiones, en ciertos individuos, es inalcanzable.

Para que una medida sea educativa, tiene que cumplir con un requisito: que sea justa, y esto se logra si su magnitud es realmente la apropiada para el caso. Una desproporción entre la violación del orden laboral y la medida a aplicar, sea por defecto o por exceso, hará injusta la sanción y por ende no cumplirá su carácter educativo, al tiempo que será una burla al orden jurídico y al colectivo laboral.

La exigencia de la responsabilidad disciplinaria según establece nuestro Código de Trabajo, se basa en la valoración de un conjunto de elementos o aspectos necesarios para, ante todo, delimitar si debe exigirse o no dicha responsabilidad, y luego de considerarse sancionable la conducta, aplicar la medida que más se ajuste al trabajador y a las características y condiciones del caso.

En el ejemplo descrito, la administración no tuvo en cuenta las circunstancias que conllevaron a Urbano a ausentarse de su puesto de trabajo por más días que los autorizados en la licencia, sus condiciones personales, historia laboral e incluso que se trataba de un obrero, al que solo le restaban dos años para acogerse al proceso de jubilación. Esto me recuerda el axioma del querido profesor Dr. Baquero: “…el exceso de justicia, es injusticia”.

 

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