La administración de justicia y el modelo procesal cubano (I)

simbolos de justicia 1Lic. Andrea López

En el ámbito del derecho procesal es vasto el camino que al sistema jurídico cubano le queda por recorrer. Existen una serie de cuestiones que en la actualidad resultan complicadas de dilucidar para incorporar en nuestra ley procesal vigente. Ejemplo de estos avances es el Código de Procedimiento Federal argentino, uno de los últimos aprobados en la región, absolutamente acusatorio, donde limita extraordinariamente la posibilidad de los jueces de intervenir, o sea, un juez absolutamente adversarial que va a recoger los despojos del debate penal y consecuentemente con eso aplicará la ley.

Por otra parte, aun cuando esta tesis no sea muy popular en el ámbito de la abogacía, los jueces cubanos deben tener la posibilidad, sin que se pierda el papel de las partes, de poder buscar y calzar sus decisiones en algunos elementos que consideren necesarios, y que concrete esa certeza que debe primar en el proceso, y que sigue siendo una aspiración de nuestro sistema de enjuiciamiento penal, pues aún existe un monopolio de la acusación por parte del Ministerio Fiscal. Esto acompañado indudablemente por una mayor presencia de la víctima, téngase en cuenta que la fiscalía carga una responsabilidad extraordinaria, a lo que se suma que las quejas de los insatisfechos se remiten precisamente a esta entidad.

Otro fundamento bien discutido y que aún cuando su naturaleza no es puramente procesal vale la pena discutirlo, es el de la forma de organizar los tribunales. Se discute por los operadores del derecho hoy en día hasta qué punto podemos implantar el modelo del jurado. Yo particularmente no estoy de acuerdo. El jurado es una institución judicial para nada novedosa, muy difundida en los países del sistema anglosajón; casi todos estos países cuando experimentaron su proceso revolucionario adoptaron este modelo visto como paradigmático y democrático a la hora de administrar justicia. Pero en muchos países se ha abandonado porque la división entre el juicio de hecho y el juicio de derecho en ocasiones entra en contradicción con la forma en la que se está acostumbrado a litigar.

El modelo de administración de justicia ha de ser aquel que mejor se adecue a las características socio-jurídicas de cada nación. Nuestro modelo de administración de justicia independientemente de que posee una organización que particularmente comparto, formado por jueces profesionales y jueces ciudadanos, no está exento de errores. Debe lograrse una igualdad entre las partes que conforman el proceso y la autonomía de los jueces para formar su juicio de valor a partir de la equidad entre la parte acusatoria y la defensa, no debe poseer condicionantes. Este es el camino hacia una justicia imparcial y libre de cuestionamiento.

 

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