Y de eso se trata

ombudsmanvallin_21Wilfredo Vallín Almeida
Hay una institución que, conjuntamente con el Tribunal de Garantías Constitucionales, debe tener existencia en la vida del pueblo de Cuba como sociedad: el Ombudsman (Defensor del Pueblo).
Esta institución es de relativa nueva creación en el mundo contemporáneo. Su invención se debe a Suecia, ese gran país amante del orden, del derecho, del desarrollo económico-social y de la solidaridad internacional.
La definición que del Defensor del Pueblo brinda el diccionario Wikipedia es la que sigue:
El Defensor del Pueblo (a veces nombrado con el término sueco Scrubman, comisionado o representante), es una autoridad del Estado encargada de garantizar los derechos de los habitantes ante abusos que puedan cometer los poderes políticos y, en su caso, legislativo de ese mismo Estado.

El Ombudsman, o Defensor del Pueblo, no goza de un poder vinculante que obligue con sus dictamen a las instituciones u otras entidades sociales pero su prestigio, su posibilidad ilimitada de acceder a los medios y la confianza de la ciudadanía en su verdadera y leal defensa de los nacionales simples le infunden una fuerza moral y ejecutiva extraordinarias.
He tenido ya la oportunidad de reunirme con varios Defensores del Pueblo de distintos países. La conclusión que saqué de estos encuentros y conversaciones (largas en ocasiones), fue que se trata de personas con un gran amor por lo que hacen y una fe a toda prueba en que, el Derecho, identificado con la Justicia, debe imperar en sus patrias.
Por todo lo anterior, me llamó poderosamente la atención cuando, en el primer encuentro entre la Mesa de la Unidad Democrática venezolana y el gobierno del presidente Maduro, oí hablar de una Defensora del Pueblo de Venezuela que, por lo que pude percibir, no llena mis expectativas creadas por los otros Defensores del Pueblo que conocí.
Cuando abogamos por un Defensor del Pueblo para Cuba –que deberá crearse en algún momento de nuestra historia–, nos referimos específicamente a un Defensor del Pueblo y no a una imagen difusa.
El Defensor del Pueblo debe serlo del pueblo y no del gobierno que lo instituya o esté en el poder en un momento dado. De lo que se trata es de la esencial, vital e inalienable defensa a ultranza de los intereses del SOBERANO (con mayúscula) y no de su representante al que el Soberano, en un momento dado, encarga de su representación.
Y de eso se trata.

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