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platanos3Josue Rojas MarínJosué Rojas Marín
Vivo en una comunidad con más de sesenta edificios. Detrás de estos, como es el caso de mi vivienda, muchos vecinos comenzaron a sembrar a solicitud del propio gobierno algún frutal o matas de plátano. Cuando comenzó el maratón de demoler todo aquello, me propuse hacer un aproximado de las pérdidas económicas que indiscriminadamente se hacían por personas que vinieron de otras localidades a destruir lo que con tanta pasión se había cosechado por más de una década.
Para que se tenga una idea, existían unas 300 matas de plátanos que al momento de su demolición fueron arrancados uno 50 racimos nuevos y otros 130 fueron cortados y tirados en una esquina del edificio, de los que aún permanece su rastro desde julio del 2012. En ese tramo se recogían 50 0 60 racimos mensuales, lo que significa al año un aproximado de 660, cerca de 16500 libras que se aportaban al consumo urbano y que representan unos 9900 pesos que ahora tendrá que devengar el bolsillo de esos ciudadanos a quienes nadie vendrá a suplir sus necesidades.
Lo que más indigna es que en visita del director de Planificación Física a la localidad y al hacerle esta apreciación me contó que no importaba, que muchos vecinos referían que ahora había más aire; le riposté que con aire la gente no vivía, pero que con comida sí. Calló y no tuvo otra cosa que marcharse del lugar.

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