¿Culeros también?

40-culerosespeLic. Esperanza Rodríguez Bernal

José acude a nuestra sede y solicita nuestra asesoría porque hace aproximadamente un mes y medio se presentaron en su domicilio varios agentes de la contrainteligencia con el propósito de hacerle un registro.

El día antes de dicho registro, había sido detenido en la calle y montado en el carro patrullero no. 870 siendo conducido a la Unidad de la PNR de Santiago de las Vegas donde lo llevaron a un calabozo… sin acta de detención. Al rato, lo sacaron de la celda para que firmara un documento por el decomiso de 102 Demandas Ciudadanas por otra Cuba y un periódico Nuevo Herarld que portaba en el momento de la detención, cosa que se negó hacer. Después fue trasladado para la Unidad de Policía de la Avenida de Acosta en el municipio 10 de Octubre.

Al día siguiente de su detención, mientras su esposa lo localizaba, los citados agentes fueron a su casa con el objetivo de realizar un registro. Allí se encontraba su hijo y su nuera, que le narraron que en ningún momento se presentó la orden de registro y, además fueron amenazados con que si no abrían la puerta, la derribarían.

El registro se realizó y tampoco dejaron acta de ocupación llevándose todo tipo de artículos, entre ellos libros, documentos, medios electrónicos, dinero en efectivo, ropa y hasta los culeros de sus nietos.

Los agentes que realizaron el citado registro violaron los artículos 218 y 219 de la Ley de Procedimiento Penal, así como el artículo 56 de la Constitución de la República de Cuba el cual reza textualmente “El domicilio es inviolable. Nadie puede penetrar en el ajeno contra la voluntad del morador, salvo en los casos previstos en la Ley”.

José no fue instruido de delito alguno como era de esperar después de un registro y una ocupación en su casa de esa magnitud y naturaleza. Cabría preguntarse, ¿y el juicio que debió seguir a un registro y ocupación de bienes en vivienda habitada?

Con todos estos antecedentes y bajo asesoría letrada, José acudió a la Fiscalía Militar donde denunció los hechos, siendo recibido su testimonio por fiscales de guardia de esa entidad.

Dos preguntas se desprenden de todo esto, y ambas son serias:

  1. ¿Procederá la Fiscalía Militar contra los responsables de este atropello?
  2. ¿Para qué necesitaban los “agentes de la ley” los culeros de los nietos de José?

Me reservaré mi opinión en cuanto a la última pregunta.

 

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