Lealtad y Probidad

Wilfredo Vallín Almeida

Estamos en un momento difícil de nuestra historia. Tan difícil que hasta la naturaleza parece haberse confabulado para traernos tribulaciones. Hay que estar totalmente ciego para no ver el deterioro continuado y rápido ya, de la salud social de Cuba.

Lo que ocurre a nuestro alrededor no es nuevo para los amantes de la historia. Situaciones similares han tenido lugar en otras latitudes y otra época. Con razón dicen los eruditos que “la historia se repite cada cierto tiempo”.

El deterioro del entorno no debe conducir, sin embargo, a la pérdida de los valores interiores. Esos valores son los únicos que pueden salvarnos en medio del desastre general.

Y no puede suceder, que entre nosotros, se den las mismas situaciones que decimos criticar y combatir. Eso es algo que debe quedar muy claro para todos los que integramos la Asociación Jurídica Cubana.

A diario vemos (y lidiamos) con casos de corrupción, de delitos de toda índole, de escasa o ninguna probidad de entidades que debieran ser paradigmáticas en el país, de violaciones constantes de la ley, por desconocimiento o mala intención de sus agentes…todo tipo de conductas reprobables.

Está, por otra parte, lo que los cubanos hemos denominado “resolver”, o sea, buscar dinero a como dé lugar, sin parar mientes en el procedimiento, para paliar la escasez y necesidad general que todos padecemos.

Pero, por encima de todas las penurias y vicisitudes, está el legado que nos dejaron los próceres de la nación cubana y el sentido de la probidad que debemos mantener a todo trance. Y ese legado expresa textualmente:

Cuando hay muchos hombres sin decoro hay siempre otros que llevan en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que le roban a los pueblos su libertad que es robarle a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana.

A estos paradigmas no podemos ni vamos a renunciar. Ello sería dar todo por perdido en este país y dejar hundir los pocos asideros con los que rescatar mañana la nación.

La AJC exigirá siempre la absoluta adhesión de sus miembros a los paradigmas anteriores a cualquier costo, aun al de quedarse sin miembros. Y los letrados que no estén a la altura que el momento requiere y se dejen arrastrar por la miseria humana a la que podamos ser propensos -porque estamos en Cuba-, deberán abandonar la Asociación Jurídica Cubana, sin distinción de persona.

Porque ahora lo que hace falta, mucha falta, es LEALTAD Y PROBIDAD.

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