Te convido a creerme cuando digo futuro

22-school-busCHAVEZLic. Rodrigo Chávez Rodríguez.

Todos o casi todos, pensamos en un FUTURO, ¿pero será ese futuro cierto o incierto?

Desde pequeños soñamos con un futuro lleno de fantasías de lo que desearíamos ser, se toman como referentes, las actitudes y aptitudes de las personas que nos rodean y tratamos de ser como ellos, pero el Tiempo, ese que recoge el Pasado, el Presente y el Futuro, de forma muy discreta, va indicándonos que entramos en una nueva etapa de nuestra vida, casi sin darnos cuenta, llega la adolescencia, ya aquí comenzamos a percibir que la etapa vivida, forma parte del pasado y estamos consumiendo el Presente, ¡Oh! Hermosa adolescencia, que dio luz verde a nuestras añoranzas y amores sin exigir mucho de nosotros, pero de forma imperceptible, también vivimos un pasado y un presente sin abandonar la niñez, con todos sus sueños y fantasías.

Es esta etapa de nuestra vida, adoptamos patrones que se nos ofrecen como plato fuerte, en el hogar, en la escuela, en las actividades y con esa ingenuidad característica, digerimos todo cuanto aparece ante nosotros, no existen barreras infranqueables, ni objetivos inalcanzables, todo es posible, tenemos fuerza para ello, el implacable tiempo, parece no preocuparnos, lo que no se haga hoy, mañana con más tiempo se hará.

Momento de definiciones es la adultez, ya se ha recopilado la experiencia del pasado, se trazan nuevas metas, nuevos objetivos, nuevas aspiraciones, nuevos proyectos. De aquí en adelante comenzarán nuevas aventuras y desventuras, sinsabores, frustraciones que nos harán chocar con esa cruda realidad, que de hecho es más exigente, pero a pesar de todo esto, persistimos en nuestro empeño, nada ni nadie puede detenernos, tenemos un horizonte por delante, avizoramos un futuro, que imaginamos a nuestra medida.

Comienza un nuevo curso escolar, se asegura que todo está garantizado: lápices, libretas, libros y cuanto se necesite para comenzar, tal y como se informó (tiempo pasado), pero el irreverente día de hoy nos hace una mala jugada; cuando se concurre a adquirir el uniforme escolar, comienza un dilema. La talla por lo general, no se corresponde con la actual (tiempo presente) del educando, ya que fue tomada a mediados del curso anterior y al parecer no se tuvo en cuenta el crecimiento que ocurre entre un período y otro; no obstante, la Industria cumplió con la entrega de los uniformes planificados, ahora toca a sastres y costureras jugar su papel, y a los padres menos pudientes ingeniárselas en la casa.

Ya en el aula, aparece otra desilusión. No hay personal docente, es decir maestros para iniciar el período lectivo, pero como ya citamos, todo está garantizado (desde el presente, miramos el futuro), por esta razón, es hora de improvisar, de dar rienda suelta a la imaginación, de todos modos habrá un feliz Fin de Curso.

Con los avatares pasados, viene al fin la graduación como Técnicos o Profesionales. Se ha dicho que la ubicación está garantizada (tiempo futuro), lo cierto es que los que sí tienen ubicación garantizada son aquellos que van a cumplir el Servicio Militar. La otra cara de la moneda es alcanzar una ubicación, atendiendo a todo el proceso de reordenamiento laboral que se está llevando a cabo, implicando esto, que haya trabajadores disponibles, es decir, desempleados.

Una opción muy en boga la constituye el trabajo por Cuenta Propia, esta modalidad prescinde de los mecanismos de selección, de comisiones de ingreso, de comité de expertos, no hay evaluación del desempeño, ni de deberes funcionales, ni cosa que se le parezca.

Ha de tenerse claro, que cuando alguien se incorpore al ejercicio del trabajo por Cuenta Propia, nadie le gestiona su ubicación laboral, las instituciones estatales solo se encargan de registrarlo como contribuyente al fisco, y para que no represente una carga para el Estado, tiene que contribuir también con el régimen de Seguridad Social, so pena de que no se le garanticen bienes, medios o insumos para el ejercicio de su actividad (casi siempre).

El derecho al trabajo está refrendado en nuestra Constitución y por tanto el empleo, pero con tantos inconvenientes, ¿podremos hablar mañana, de pleno empleo, de FUTURO, y que además sea cierto?

Trabajo, internamiento y edad

Osvaldo Rodríguez Díaz

La Sala Segunda de lo Penal del Tribunal Provincial de La Habana en la causa 93 del 2012, emitió la sentencia número 14 de 10 de julio del 2012, en la que le impuso a la acusada N.V.B.Q. la sanción de dos años de trabajo correccional con internamiento.

La sancionada en cuestión, al momento del juicio oral, contaba con 60 años de edad y más de 40 de trabajo, por lo que su condición de jubilada quedó clara en dicho acto.

Resulta en extremo cuestionable imponerle a esa acusada una pena de trabajo por dos años, cuando ya su capacidad laboral está disminuida, amén de los padecimientos complementarios de esa etapa de la vida.

Internacionalmente, el límite máximo de edad laboral de la mujer está entre los 55 y los 60 años, hoy en Cuba el límite es 60, por lo que, en este caso, a la sancionada se le ha impuesto una condena en franca contradicción con la legislación laboral controlada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

La ley penal franquea otras posibilidades para el caso en cuestión, pues la pena se le pudo subsidiar por la de limitación de libertad o por la de trabajo correccional sin internamiento,  para que elija una labor que por sus condiciones pueda realizar, aún por cuenta propia.

Se pudiera ampliar más sobre el tema, pues esto ocurre con frecuencia y el Tribunal Supremo ha rectificado la sentencia, modificándole la medida a los sancionados.

Esperemos el desenlace de este caso, pues se encuentra a consideración de dicho Tribunal.

Jóvenes estigmatizados

Lic. Amado Calixto Gammalame

Uno de los problemas que a menudo enfrentan los jóvenes, aunque no es exclusivo de este sector de la población, es el rechazo social de que son objeto los hombres y las mujeres que han sido sancionados por la comisión de algún delito.

Ello se evidencia de diferentes  formas, la más común resulta la falta de oportunidad de empleo, problema más fuerte para la juventud en estos tiempos a escala mundial; al momento de solicitar empleo un requisito es el certificado del Registro Central de Sancionados, donde se acreditan los antecedentes penales de cada individuo, unido al fichado policiaco vitalicio que se lleva en Cuba para cada procesado independientemente del resultado final o solución que haya tenido. Si se acredita que el aspirante ha sido procesado o sentenciado por algún ilícito, por pequeña que sea la falta, es rechazado y obligado por tanto a solicitar  ”otro trabajo”.  La crisis económica y social signo de los tiempos actuales agrava este problema ya crítico.

Soy del criterio de que si bien es necesario el fichaje utilizado por las autoridades desde el punto de vista penal, como un fichaje de criminales, aun cuando la honestidad obliga a reconocer el rezago técnico y científico que padecemos en ese renglón, el “fichaje” con relación al trabajo resulta una práctica inadmisible, una afrenta y una marca para toda la vida.

Sirve de ejemplo la carta dirigida a la AJC por la ciudadana María Emilia … en la que solicita ayuda para la posible reincorporación de su hijo a la sociedad, pues según sus propias palabras ha  sido sometido a detenciones y citaciones para explicar su conducta al relacionarse con otros jóvenes delincuentes, y cito …”mi hijo tiene 28 años de edad, comenzó en prisión a los 17, no conoce a otras personas me refiero a jóvenes, que los que transitaron con él en esta larga estadía penal, que supongo se vean en servicios comunales que es donde lo ubicaron a trabajar como egresado de prisión o R/M, ahí no trabajan médicos ni camilitos, si a mi hijo con solo 17 años se le impuso una sanción severa, es imposible que pueda conocer otro medio que no fuese el que el propio estado cubano le propicio”.

Punto aparte requiere el reconocimiento social o desconocimiento que reciben los jóvenes egresados de los establecimientos penitenciarios cuando arriban a la vecindad, referido a la estigmatización que son objeto, producto de la devaluación de aspectos sociales que hacen que no sean acogidos y reconocidos con esos defectos o actitudes sociales.

Son loables los esfuerzos para mitigar las consecuencias nefastas de aislamiento, pero el remedio siempre estará en nuestras manos, principalmente en las manos de los propios jóvenes. Nadie hará por ellos lo que ellos no quieran o no puedan hacer por ellos mismos. Hay jóvenes ávidos de avanzar. Menores y jóvenes que son el tesoro más preciado de nuestra sociedad. Hay que abrirles un amplio crédito, procesados, sancionados egresados o no. El día en que el país elimine este tipo de injusticia, de manera valiente, creando, proponiendo y haciendo, se eliminaran las consecuencias nocivas con que este tipo de iniquidad mina a este sector tan importante de la sociedad.