Contrasentido

OLYMPUS DIGITAL CAMERALic. Miguel Iturria Medina

He escuchado durante años una voz popular que al principio me provocaba escepticismo y hoy, luego de conocer algo de derecho, me incomoda. De seguro casi todos la hemos escuchado e incluso muchos pronunciado. Se dice que, de acuerdo a la Ley, se reprime con mayor severidad a quien le da muerte a una res que al que pone fin a la vida de un ser humano. ¨ Es peor matar una vaca que…¨

La frase merece un breve análisis desde la óptica del Código Penal para tratar de dar respuesta a su macabro sentido. Voy a tomar como referencia el delito de Sacrificio Ilegal de Ganado Mayor y Venta de sus Carnes, previsto en el artículo 240.1 de este cuerpo legal:

El que, sin autorización previa del órgano estatal específicamente facultado para ello, sacrifique ganado mayor, es sancionado con privación de libertad de cuatro a diez años.

El otro punto de referencia es el delito de Homicidio que se encuentra regulado en el artículo 261 del Código Penal:

El que mate a otro, incurre en sanción de privación de libertad de siete a quince años.

Analizadas ambas figuras delictivas, salta a la vista que no le asiste razón a la voz popular en su generalidad; pues mientras el Sacrificio Ilegal de Ganado Mayor (también incluye ganado equino) tiene un marco penal de cuatro a diez años de prisión, el Homicidio tiene un margen más amplio, de siete a quince.

Otro criterio en contra de la citada frase es que el Sacrificio Ilegal admite el subsidio de penas alternativas a la prisión cuando la cuantía es de cinco o menos años de privación de libertad (Trabajo correccional con o sin internamiento y Limitación de libertad)

Hasta aquí puede desmentirse el aludido criterio popular, pero sí existe la posibilidad, aunque excepcional, de que tal voz se cumpla. Ambos delitos cuentan un con margen de coincidencia en su marco penal: entre siete y diez años de Privación de Libertad. Entonces podría suceder que alguien, por ejemplo, sea sancionado por sacrificar una res a diez años de prisión mientras que otro lo sea a siete por homicidio.

Con respeto por el reino animal y por algún tipo de filosofía hindú que desconozco, el valor de la vida humana es incomparable. Este tipo de coincidencia debe suprimirse en futuras modificaciones a la Ley Penal.

 

Tanta culpa….

Lic. Miguel Iturria Medina

Los refranes populares forman parte de la cultura. Son voces   heredadas de generación en generación y sobreviven al paso de los años al punto de convertirse en costumbre. Generalmente son muestra de sabiduría y no pocas veces guardan una enseñanza.

Existe un refrán que he escuchado desde niño y que ahora, de jurista, me llama en extremo la atención: ¨Tanta culpa tiene el que mata la vaca como el que le amarra las patas¨ Sabia voz popular, pues, no sé si por azar, alude a lo que en Derecho Penal se nombra ¨Principio de Imputación Reciproca¨ que se aplica para castigar a varios individuos por un mismo hecho cuando  comenten de conjunto un evento delictivo y persiguen un objetivo común. Concurre en los casos de ¨Coautoría¨

La Imputación Recíproca, constituye una excepción a la máxima de que cada cual debe responder solo de los actos cometidos. Según este principio todo lo que haga  uno de los coautores es imputable, extensible a todos los demás. Se sustenta en la aceptación por parte de todos de lo que va a realizar cada uno de ellos.

En casos de intervención delictiva de varios sujetos, para que pueda aplicarse el aludido principio, se requiere según las reglas de la Coautoría, de dos elementos fundamentales que ilustraré con el ejemplo de la voz popular:

-          Inicialmente debe existir un elemento subjetivo que implique la existencia entre los diferentes interventores de un previo y común acuerdo o concierto de voluntades que los solidarice en la obtención de un fin común. Ejemplo: A, B y C en previa conversación planean y se ponen de acuerdo para darle muerte a una res perteneciente a un predio vecino. Persiguen con ello, luego del sacrificio, vender o alimentarse con la carne.

-          Además del acuerdo  de voluntades y el propósito afín, se requiere de un elemento objetivo que se materializa en la existencia de distribución de tareas concretas, derivadas del acuerdo previo y de intervención en la fase ejecutiva del hecho mediante un rol que contribuya a su eficaz materialización. Ej: Luego de concertar el plan definieron que A, se encargará de amarrar los miembros del animal para asegurar su ejecución a cargo de B y luego C la desmembrará para que luego todos trasladen su parte.

De acuerdo al ejemplo, si el hecho ocurre según lo previsto, todos responderán de un delito de Sacrificio Ilegal de Ganado Mayor (artículo 240.1 del Código Penal cubano) aun cuando el único que le haya dado muerte a la res fuera B. Este principio rige para todos los delitos intencionales. Sabia voz popular.

Finalmente, me pregunto quién será el padre de tan notorio refrán ¿Habrá sido un penalista, un sabio anciano de muchas vivencias o simplemente el dueño despechado de tan ¨sagrado animal¨?  ¿Quién sabe?