La democracia también se ejercita

democracia

1Alexis Piloto CabreroAlexis Piloto Cabrero

Hace pocos días un viejo amigo me preguntó de manera sarcástica, qué pensaba sobre la democracia y si esta se podía ejercitar constantemente. Le conteste que identificar constantemente las diferencias es un ejercicio necesario e imprescindible en la democracia; que aunque haya polémica sobre un tema, no da el derecho a nadie de encontrarnos diferentes y mucho menos de separarnos de la sociedad, por el solo hecho de considerar que la crítica es útil para la acción conjunta, sin temer que otras consideraciones develen una notable diferencia ideológica. Con este preámbulo, le pregunté si era capaz de decirme dónde se recogía este derecho de cada ciudadano a expresar sus criterios, respondió fruñendo el ceño, entonces le expliqué que aunque pareciera contradictorio, el artículo 55 de la Constitución, define bien claro la libertad de conciencia, que no se asombrara de algo que hasta el momento no conocía y que lamentablemente muchas personas tampoco conocen. Al ver que nada le quedaba por decir, entre otras tantas cosas, concluí diciéndole que solo se construye un verdadero dialogo cuando se practica una democracia al límite exacto de lo que la ley dispone.

Un planeta y otro

 

Lic. Rodrigo Chávez.

A mi hijo mayor, Roylier Javier Chávez Dubrocq

Cuántas pláticas no podemos tener por la empecinada, caprichosa y torpe manía de quienes nos gobiernan de mantener el control de todo, aferrados al monopolio de la información, más bien de la desinformación. Será que además de no darnos a conocer nuestros verdaderos derechos también son dueños de la privacidad y de todos nuestros movimientos e inclusive, pensamientos.

Mi hijo está allí, donde están condenados y encarcelados los cuatro antiterroristas cubanos y Héroes de la República de Cuba, como se dice aquí, pero es que en este planeta Cuba también estamos encarcelados y sometidos a lo que les da la gana a unos pocos. Las ganas precisamente consisten en que de sus antojos, no puedes conocer, ni saber lo que hacen y deshacen, y por si resultase poco no tenemos la posibilidad real de llegar a conocer nuestros más elementales derechos y mucho menos ponerlos en práctica.

En aquel otro planeta, donde sí se reconocen todos los derechos, vistos y escuchados por nosotros mismos en películas y series de televisión, allí donde se reconocen todos los procesos legales y jurídicos; donde además, se informa de todo cuanto sucede allí y en el resto de los países, siempre está siendo comparado con lo que aquí se ha mal llamado proceso revolucionario.

He aquí la rotunda diferencia, ya mi hijo es verdaderamente consciente y responsable de lo que su padre le hizo saber hace algunos años, y puede por sí solo establecer la diferencia de lo que conoció por estudios aquí y lo que está viviendo en carne propia allí.

Por ello, cuando podemos tener comunicación, sus palabras son positivas, pero siempre reiterando, como se extraña Cuba, pero una Cuba con verdadera democracia, libertad y plenitud del ejercicio de todos los derechos.

Un día se ha de lograr, seguro mi hijo.

 

República, popular y democrática

Wilfredo Vallín Almeida

En sentido estricto, la Academia Española define el concepto república como Estado que se gobierna sin monarca. Con más rigor de técnica política, puede decirse que es, en su auténtica expresión, la forma de gobierno de origen electivo y popular, caracterizado por la duración determinada de la representación o mandato…

Por otra parte, si se entiende que la república es del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, según una famosa frase atribuida a Abraham Lincoln, entonces se le considera un auténtico carácter popular.

Por último, la república resulta democrática cuando se dan los supuestos siguientes según los entiende el gran jurista argentino Guillermo Cabanellas:

La palabra democracia procede del griego demos, pueblo y kratos, poder. Significa el gobierno en que el pueblo ejerce la soberanía. Ya Aristóteles decía que democracia era aquella en la que la multitud gobierna para la utilidad pública y que se concibe como una forma de Estado dentro de la cual la sociedad entera participa.

Esa participación se corresponde no solamente con la organización del poder público sino que incluye, además, su ejercicio.

Resulta interesante constatar que en nuestro país, que de manera constante se comenta todo el acontecer del mundo desarrollado (sobre todo si de cosas negativas se trata); prácticamente no publica nada sobre la realidad interna de países como Corea del Norte.

Y cuando se buscan datos sobre la República Popular Democrática de Corea (Corea del Norte) a partir de las publicaciones de ese propio país, encontramos que, a no ser información muy general, los coreanos de la parte superior del paralelo 38 prácticamente no brindan información a los organismos o revistas internacionales.

Así, por ejemplo, en el Almanaque Mundial que consulté para este artículo, vemos con relación a esa República Popular y Democrática:

  • % de los principales productos de exportación: no hay datos,
  • % de los principales productos de importación : no hay datos,
  • % de la tasa de inflación: no hay datos,
  • % de desempleo: no hay datos,

y así sucesivamente.

Y, claro está, ese “silencio” informativo no puede sino levantar suspicacias.

Si a lo anterior es posible sumar que:

- en ese país el poder se transmite de padres a hijos y nietos, como en las más rancias monarquías feudales,

- la participación popular en la gestión de gobierno es nula,

- los coreanos que salen al extranjero tienen que llevar, hasta cuando están en camiseta, un sello del Kim de turno; aun dentro de sus habitaciones (esto no es una exageración o algo que me llegara de oídas, sino que vi personalmente),

- y un sinfín de cosas más.

Entonces no será aventurado concluir que la Corea del Norte contemporánea no resulta ni República, ni Popular, ni Democrática.

¿SABIA USTED QUE…?

En carta dirigida por el abogado bayamés Carlos Manuel de Céspedes, quien más tarde sería reconocido por la Historia nacional como el “Padre de la Patria”, al ciudadano José Morales Lemus, Ministro Plenipotenciario de la República de Cuba en armas y fechada en Guáimaro el 15 de abril de 1869, Céspedes decía:

“Más tarde remitiré a Ud. íntegra esa ley fundamental de nuestra República. En ella se reconocen y garantizan los derechos de todos los hombres sin distinción alguna de raza o condición, se establece la independencia completa entre los tres grandes poderes de la nación. El legislativo reside en una Cámara de Representantes…. El ejecutivo será ejercido por un Presidente responsable de sus actos ante la Cámara… El poder judicial será objeto de una ley especial, quedando consignada su completa independencia de los otros. Esta constitución, fundada en los principios más absolutos de la democracia, ha sido acogida por el pueblo con las más vivas demostraciones de regocijo y entusiasmo”.