Lic. Rodrigo Chávez
La subutilización del jurista y la poca o pobre participación que se le concede en el proceso de contratación, a la postre dan al traste, con las intenciones o efectos esperados, de las relaciones establecidas.
En cualquier entidad estatal, no resulta difícil constatar la actividad del jurista, del asesor jurídico o legal, del letrado, del abogado o como quieran denominarlo, limitada o ceñida a la elaboración de medidas disciplinarias, reclamaciones que pudieron evitarse, en funciones de economista y hasta en algunos casos, como secretario en los Consejos de Dirección. En esta última función, existen discrepancias, pues hay quien aboga por el sí y otros por el no, pero al final, como en papeles consta el nivel al que se subordina (al jefe), prevalecerá sin excepción alguna, la decisión del jefe. Que se haga un uso racional del capital humano, tiene sentido, pero lo que ha de tener igual sentido, es el uso irracional del jurista.
Son aristas, que propician la imperfección del contrato, su normal desarrollo y por tanto su fin, el contrato aunque es un acuerdo de voluntades, estas deben ser ciertas, sólidas, verdaderas y objetivamente cumplibles, no ficticias, constituye en nuestros días justificación, de los incumplimientos de la producción, de la distribución o de los servicios, el inadecuado o incorrecto uso del contrato; no sería impropio hablar en estos mismos términos de la planificación.
El laberinto por donde transita la contratación, afecta tanto a los que se estipulan para la compraventa de producción agropecuaria, los de suministro, hasta los de ejecución de obra; solo en estos tres, el grado de incidencia es tan negativo, que amerita dedicarles especial atención, es conmovedor que el rendimiento de determinada la cosecha de un productor exceda sus expectativas y que ese exceso, no cumpla el objetivo de llegar a su destino porque no se plasmó en el contrato. Cómo es posible que los mercados estén en buena medida desabastecidos, siendo posible suplementar el contrato inicial, pero he aquí otro gran dilema: si nefasto es incumplir el plan, más nefasto es sobre cumplirlo. Tendrían que andar de la mano como un binomio planificación-contratación. Con una adecuada planificación, bien pudiéramos efectuar una adecuada contratación, y con una buena solución, se obtendría una buena distribución y una gran probabilidad de satisfacer al consumidor, ¿no?.