Próximamente tendrá lugar un nuevo censo de población y viviendas que, deberá arrojar cuántos somos y la situación actual con la vivienda en nuestro país.
Entre nuestros múltiples problemas cada vez más agudos, el de la vivienda resulta uno de los más difíciles por todo lo que ello implica para la familia y los individuos. La extendida cohabitación entre diferentes generaciones, muchas veces con un alto grado de hacinamiento, lleva en ocasiones a la pérdida de valores, a la deshumanización y a la violencia doméstica.
Los casos de familiares allegados -en batalla campal por un espacio donde vivir- resultan dramáticos y muchas veces vergonzosos.
Hace ya tiempo que los Albergues INIT (posadas donde alquilaban habitaciones para parejas por algunas horas) dejaron de serlo para convertirse en casas albergues para damnificados por los huracanes, incendios, derrumbes etc., y hoy son verdaderas ciudadelas atiborradas de personas en condiciones precarias.
Como muchas otras cosas en la Cuba de hoy, este problema permanece estático, sin que se vislumbre un plan o proyecto por parte del Estado que, durante muchos años, no permitió la reparación o fabricación de nuevas viviendas mediante venta de materiales de construcción a los habitantes, y que ahora no parece tener respuesta a un problema que él mismo creó durante largos, muy largos años.
Así, la muerte del titular de una vivienda, genera muchas veces todo un conflicto entre los que se consideran con derecho legal a la vivienda por una u otra razón, porque saben: o se hacen con ella, o tendrán que parar allí…donde nadie quiere ir o estar.
Otro problema relacionado con este desgarrador asunto es el de los desalojos forzosos…perdón, quise decir las “extracciones”.
Cuando una vivienda es abandonada por sus moradores por la razón que sea, y sellada por el Estado, no es raro que el sello sea roto y sea ocupada por quienes viven literalmente en la calle.
En otros casos, no hay vivienda que ocupar y las personas se ven forzadas al “llega y pon”, o sea, a buscar un lugar cualquiera y “fabricar” (si es que a eso puede llamarse fabricación), algo que recuerda una habitación, pero de cartón, yaguas, pedazos de zinc o cualquier cosa semejante y meterse allí con mujeres…y niños, a veces lactantes.
En muchas de estas oportunidades, se procede al desalojo forzoso… perdón, (en Cuba ya no hay desalojos) nuevamente, quise decir la “extracción”, la que se realiza mediante la fuerza pública, cosa que responde a esa otra concepción de la “obediencia debida”.
Y si la ONU dice en su documento La Práctica de los Desalojos Forzosos de junio de 1997 Alcance e índole de las Directrices 4)
Los desalojos forzosos constituyen violaciones patentes de un amplio abanico de derechos humanos reconocidos internacionalmente y únicamente se pueden llevar a cabo en circunstancias excepcionales y ajustándose plenamente a estas Directrices y a las disposiciones pertinentes de la legislación internacional sobre derechos humanos
que diga lo que quiera porque ello no tiene que ver nada con nosotros pues aquí no hay desalojos…hay extracciones.

Hace falta estadísticas para tener una idea de la dimensión de la crisis. Que por ciento de la población viven en albergues. Cuantos ingresan anualmente a estos alberques. Cuantas familias viven en viviendas que no les pertenecen y cuantas otras viven en viviendas en mal estado. Y con el caluroso verano, la recolección de residuos sólidos se impone, esto es otra crisis en si misma. La logística en las operaciones de recolección, la capacidad de los vertederos, la cantidad de camiones en funcionamiento, estaciones de transferencia necesarias. No se hace justicia social cuando no se recoge la basura. Porque entre el cólera, el dengue, sin una infraestructura adecuada para la recolección y distribución de agua potable, apagones, sin suficientes doctores y con hospitales con deficiencias administrativo, sin recursos y pésima atención, y las cárceles que le pudren la piel a los presos y la represión política y las escuelas sin capacidad de nada, adonde vamos, adonde. Están maltratando al pueblo, como enterrándolo vivo.