“El Ñaño” en prisión.

Yaremis Flores.

Los miembros de la cultura rastafari en nuestra isla, son discriminados por la sociedad y por las autoridades. Son vinculados con frecuencia, a la delincuencia y marginalidad. El rasta Héctor Riscart Mustelier, fue apresado en la madrugada del 16 de noviembre de 2011, a su salida del Cabaret Nacional, frente al Parque Central, tras una actuación del grupo musical “Herencia” que él dirige. El motivo: un presunto delito de tráfico de drogas y resistencia a la autoridad. Posible sanción: 10 años de prisión.

“Los guardias querían revisarme frente a todos. Les pedí que me esposaran y me llevaran a la Estación. Soy artista y eso es una violación a mi honor” contó Héctor, más conocido por ‘El Ñaño’. “Un policía se alteró, me golpeó y tendido en el suelo me esposó. Mi turbante ya había caído al piso” agregó.

Agentes del orden público de la Habana Vieja, participantes en la detención, reconocieron que el sospechoso entregó su carné de identidad y luego “con el propósito de impedir la operación, se zafó dando tirones con su cuerpo. Se quitó el turbante que cubría sus ‘dreadlocks’ (forma de llevar el pelo los rastas), develando dos envoltorios con 65 gramos de marihuana”, según consta en las conclusiones provisionales de la Fiscalía, con fecha 30 de enero de 2012.

La acusación se basó en las declaraciones de los uniformados; según ellos había un policía encubierto dentro del cabaret. No obstante, Riscart señaló otros intereses en su detención: “Un oficial de la Dirección Nacional Antidroga que identifica como Yoandris, me propuso trabajar con él, me negué y me advirtió que me iba arrepentir”.

Otra “evidencia” de la acusación, es la muestra de orina del detenido, El resultado confirma el consumo –no sancionable según la ley cubana– pero nada demuestra sobre el hecho que le imputan.

‘El Ñaño’ aseguró que su declaración puede ser corroborada por las cámaras de seguridad del lugar. “Exijo la presentación de las filmaciones, que deberían estar al servicio de los ciudadanos” dijo. Pero se rumora que –casualmente– las cámaras de seguridad no funcionaron esa noche. El Ñaño también denunció el miedo de su abogada a enfrentarse a las autoridades.

La Fiscalía asegura que el acusado “estaba comercializando la sustancia adictiva en el interior del cabaret” pero no consta ocupación de dinero, como fruto del aparente negocio. Tampoco se ocupó droga en el registro efectuado en su vivienda. El Fiscal también aseveró que el encartado se reúne con muchos traficantes de droga, sin embargo omitió sus nombres y el por qué esos supuestos “capos” no están encarcelados.

El juicio, celebrado a puertas cerradas a pesar de tratarse de un delito común que no clasificaba para impedir público, quedó concluso para sentencia el viernes 13 de abril en el Tribunal Municipal de Diez de octubre y no en el Tribunal Provincial de La Habana, aunque este delito es de su competencia. Queda esperar que no se cometa una nueva arbitrariedad en la aplicación de la ley.


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