Derecho a una vivienda digna

foto: Miriam Leyva

Lic. Veizant Boloy.

Mi abuela no lo pensó dos veces, cuando en sus primeros años pudo irse a España donde sus antecesores. Ella escogió creer como tantos otros, en las promesas del Gobierno de proporcionar una vivienda digna para todos. Hoy tras más de cinco décadas, no puede más que mirar al cielo y preguntarse: ¿cómo fue posible?

Fidel Castro, en un discurso pronunciado el 20 de febrero de 1960, manifestó que: (…) La Revolución puso fin a la explotación de la vivienda (…) esto es lo que hizo la revolución, sustituir aquel sistema de explotación por un sistema de justicia, donde las familias adquirirán la propiedad de aquella casa, cuando amortizaran el capital(…).

El Estado Cubano por mandato constitucional, en su artículo 9, debe trabajar por lograr que no haya familia sin una vivienda confortable. Si tomamos la idea de Castro de que la Constitución es hija de la Revolución, debemos asumir que en el incumplimiento de esta Ley hay una traición documentada de las expectativas del pueblo.

La situación de la vivienda en Cuba no deja de ser penosa y absurda. Las limitaciones imperantes hasta ayer, unidas a la poca voluntad del Estado, lejos de revertir la situación, la agudizan, y se culpa al embargo económico.

La crítica al Sistema Nacional de Vivienda está muy lejos de ser dulce y divertida, la triste verdad no da lugar a interrogantes.

Aunque un sector de la población da más valor a la manifestada intención de cambiar que a los errores que padecemos y criticamos durante años, el tiempo suele darme la razón. La fórmula brindada al problema de la vivienda, ha sido un fracaso, y aunque no lo reconozcan, salta a la vista; muestra de ello son las reformas que se están introduciendo en este sentido. No siempre lo nuevo es bueno, y decir que estos cambios desafían los principios de sus creadores sería ingenuo.

No hay ser prodigio para prever dónde se puede torcer el camino. Tenemos el poder de hacer cambios, éstos pueden surgir de todos, hasta de los más humildes. El Estado siempre ha mediado en todo trámite de propiedad. Inocentes los que piensen que ahora será diferente, ya vemos cómo sacarán tajada con sus gravámenes.

En resumidas cuentas, mi abuela, despojada de su vivienda por el Estado para construir una represa, y que tras una lucha dura y prolongada de veinte años pudo obtener su propiedad, fue víctima del inescrupuloso mercado negro inmobiliario, por la ausencia del Decreto Ley 288, recién puesto en vigor, referente a uno de los derechos elementales del propietario, disponer libremente del bien.

 

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