Frustración: Derecho de Réplica

Wilfredo Vallín Almeida

En un reciente encuentro de la policía política con dos abogados de la Asociación Jurídica Cubana (AJC), una de las preguntas a nuestros letrados fue por qué trabajan en la AJC.

Cumpliendo lo que prometimos de responder, una por una, a esas preguntas, aquí está nuestra primera respuesta.

Hay abogados en la Asociación Jurídica Cubana porque:

  1. No estamos de acuerdo, como dijimos en el primero de estos documentos, con que el Poder Ejecutivo ignore olímpicamente al Poder Judicial de la nación.
  2. No aprobamos que La Constitución de la nación fuera violada durante largos años, cuando se impidió a los cubanos alojarse en los hoteles o cuando se aprobó la ley de inmigración interna.
  3. Es inaceptable para nosotros que los acusados no cuenten, como ocurre en la gran mayoría de los países civilizados, con un abogado desde el inicio de las actuaciones.
  4. No comulgamos con que el recurso de Habeas Corpus fuera despojado de su rango constitucional y colocado en la Ley de Procedimiento Penal.
  5. No aceptamos la reclusión (incluso por años) de ciudadanos sin ser sometidos a juicio, y a los que después de cualquier tiempo en prisión, se les dice que pueden irse sin más explicaciones.
  6. Entendemos la enorme frustración que embarga a nuestros colegas cuando, después de una ardua preparación para defender a un acusado, comprenden, por la forma en que se desenvuelve el proceso, que la decisión estaba tomada de antemano.
  7. No reconocemos autoridad alguna que pueda prohibir a ciudadanos no conculcados en sus derechos por las leyes vigentes, la entrada o salida libre del país, sin que medie resolución legal alguna o documento oficial al efecto. Fuera de este contexto, esa actuación es sencillamente arbitraria.

8. Rechazamos:

  • las actuaciones policiales que no contemplan los procedimientos establecidos para la detención, interrogatorio, registro en vivienda habitada, etc., y que, por tanto, son ilegales,
  • la ocupación (más bien incautación), por parte de la policía, de bienes sin que los tribunales de justicia tengan nada que ver con esto y que por tanto, según las leyes vigentes en el país, son ilegales,
  • La “obediencia debida” que los agentes de la ley arguyen cuando se les reclama conforme a Derecho y que solamente evidencia que no tienen la menor idea de los elementos que integran esta figura jurídica,
  • los actos de repudio que en Cuba no pudieran realizarse jamás sin la anuencia de las autoridades.
  • la agresión física contra mujeres indefensas en las calles sin que la fuerza pública detenga de inmediato tan deleznables actos,
  • la corrupción imperante que obliga a muchas personas a pagar mucho más de lo que el simple contrato estipula, cuando necesitan contratar un abogado en los Bufetes Colectivos.
  • la corrupción existente con la vivienda y sus trámites en todo el país,
  • las “orientaciones” que se dan a los tribunales para reprimir con especial rigor determinadas conductas, haciendo que éstos obedezcan más a esa “orientación” que a la realización del debido proceso y a atenerse a las consecuencias que de él se derivan.
  • que los cubanos pierdan sus propiedades cuando salen permanentemente del país,
  • la total ignorancia que se hace del apotegma jurídico “todos somos iguales ante la ley” cuando se politiza la asistencia a una universidad, o cuando no se permite la asistencia de cubanos a una actividad pública, ya sea esta cultural o de cualquier otro tipo.
  1. Una de nuestras compañeras entrevistadas fue despojada de su empleo mediante métodos que mueven a indignación. Durante cuatro años nunca recibió una sola visita de las autoridades para preguntarle de qué vivían ella y sus hijos.

¿Ahora es que la llaman?

10. Estamos convencidos de que, de la misma forma que corresponde a los médicos salvar o mejorar la salud del cuerpo humano, corresponde a los abogados de un país intentar, al menos, la mejoría de su cuerpo social.

  1. Tenemos fe ciega en estos postulados:

La Administración que permite el franco desarrollo de la acción individual a la sombre de una bien entendida concentración del poder, es la más ocasionada a producir óptimos resultados, porque realiza una verdadera alianza del orden con la libertad.

Ignacio Agramonte

En ella (la Ley Fundamental de la República), se reconocen y garantizan los derechos de todos los hombres sin distinción alguna de raza o condición, se establece la independencia completa entre los tres grandes poderes de la nación.

Carlos Manuel de Céspedes

Ni de las riendas de su caballo debe desasirse el buen jinete, ni de sus derechos el hombre libre.

Al resplandor del Derecho, el abuso ceja”.

José Martí

He aquí algunas (sólo algunas) razones para la presencia de abogados en la Asociación Jurídica Cubana. Las considero más que suficientes. Espero haber satisfecho la curiosidad de los investigadores en cuanto a este punto.

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2 pensamientos en “Frustración: Derecho de Réplica

  1. Me opongo… (usted no está sólo predicando en el desierto licenciado Vallín.)

    Luis Sexto • sexto@enet.cu
    15 de Septiembre del 2011 22:52:08 CDT

    Parece claro: sin conciencia crítica, sin revisión actualizadora, mediante el conocimiento, de las ideas y principios con que intentamos transformar la realidad, tal vez todo siga siendo un deseo. Juzgadas así las circunstancias en que Cuba intenta seguir construyendo el socialismo, tendríamos que aceptar que las experiencias más válidas del último medio siglo no yacen principalmente bajo lo que la sociedad cubana haya concebido y ejecutado con acierto. Pensemos en si lo más útil ahora no implicaría tener en cuenta, sobre todo, los errores. Bajo las cenizas siguen parpadeando como carboncitos enrojecidos, advirtiendo que la candela es todavía posible.
    Lo mejor de los tiempos recientes consiste, pues, en que estamos confirmando que la realidad no se modifica mediante impulsos de voluntad o ideas recalentadas en el practicismo de «había una vez» o de si «así lo hicimos en aquel momento, podemos repetirlo», o en teorías reputadas como infalibles o puestas en el nicho de los dogmas. La Historia asegura que, al menos en lo atinente a las acciones humanas, nada resulta inequívoco. La sabiduría oriental —digo el oriente del Asia— advierte: si un fenómeno se repite 99 veces, no digas que es verdadero o estable, porque a la centésima vez puede manifestarse de modo distinto…
    En algunos momentos —¡quién lo desconoce!—, la conciencia crítica se sumó a la unanimidad. Y en otros países la proscribieron de modo que la utopía socialista, en vez de concretarse mediante el empeño racional, se retiró a la gruta de las fórmulas míticas. Pero hace unos días hemos tenido una prueba de la pertinencia constructiva de la crítica, esto es, del repaso dialéctico, la confrontación entre lo que la sociedad necesita y los medios para alcanzarlo; entre lo que aplicamos y lo que, al cabo, demanda la situación interna y externa. Y en consecuencia, como sabemos, se eliminaron incisos desestimuladores o se sumaron espacios en los indicadores del trabajo por cuenta propia.
    Por tanto, ya también parece claro que las aspiraciones necesitan circunstancias y corrientes favorables para gestionarse. Por ello, y aunque cuanto diga sea un eco de otras voces, lo más conveniente supone ir demoliendo los pasadizos estructurales de la mentalidad burocrática con que creímos que la perfección obedecía a los dedos del voluntarismo, que daba todo por supuesto, como en la aritmética medio providencialista de un juego de dominó.
    A esa mentalidad rígida, que solo mira a un lado —el de su comodidad— y en cierto grado de desarrollo no ve ni lo que mira, se adhieren también el oportunismo y la afición a las verdades prefabricadas, como si la construcción de un modelo de sociedad fuese prerrogativa de un abecedario, con sus letras en orden y en caja. A esa mentalidad, en efecto, ha de oponerse la conciencia crítica. Y esta, según he aprendido, no supone solo la crítica en un medio de difusión, sino el ejercicio dialéctico, descentralizado, en los organismos políticos, las instituciones estatales, las asambleas del Poder Popular. Cuánta certeza le daría al país que alguna vez viéramos una ley o una decisión aprobada con el voto dividido de delegados o diputados, porque lo justificó el debate que enriquece y valida.
    Hagamos visible que la unanimidad no es igual a unidad. Y aquella, como los monstruos prehistóricos de las películas, ha dejado huevos que, al más mínimo calor, empollan y se abren, repitiendo el ciclo de levantar la mano a favor, aunque uno esté en desacuerdo. La conciencia crítica, por tanto, también exige eso: disentir sincera y libremente en el análisis como medio para profundizarlo. Y ello es acto propio de los que apoyan a la Revolución. Porque los otros, los que la quieren ver con la lápida de la extinción sobre su diario quehacer, no disienten, se le oponen. Y extendiendo su alcance, nuestra conciencia crítica equivaldrá a una «oposición constructiva». Una oposición que diga: me opongo a que Cuba pierda su independencia; me opongo a que Cuba renuncie a la justicia social; me opongo a que nos equivoquemos y persistamos en el error; me opongo a confundir el servicio con el privilegio, el mérito con la impunidad; y me opongo a equiparar la democracia socialista con la conveniencia de no decir nada. Y me opongo, por supuesto, a tener toda la razón.

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