La propiedad en la Historia (I)

Lic. Wilfredo Vallín

El primero a quién, después de cercar un terreno, se le ocurrió decir “Esto es mío” y halló personas bastante sencillas para creerlo, fue el verdadero fundador de la sociedad civil. ¡Cuántos crímenes, guerras, muertes, miserias y horrores habría ahorrado al género humano el que, arrancando las estacas o arrasando el foso, hubiera gritado a sus semejantes: “Guardaos de escuchar a este impostor; estáis perdidos si olvidáis que los frutos son para todos y que la tierra no es de nadie!

Las palabras anteriores pertenecen a Juan Jacobo Rousseau y se encuentran en su obra Discurso sobre el Origen y los Fundamentos de la Desigualdad entre los Hombres.

Esas palabras han sido esgrimidas, en múltiples ocasiones, por quienes han considerado a la propiedad como la engendradora de todos los males sociales y de los suyos personales. Y es que la PROPIEDAD ha tenido detractores a ultranza y entusiastas defensores prácticamente desde que el hombre (y ella) aparecieron sobre este mundo.

De antaño se entendió por “PROPIEDAD” el derecho en virtud del cual una cosa se encuentra sometida, de una manera absoluta y exclusiva, a la acción y a la voluntad de una persona.

La PROPIEDAD ha transitado por diferentes fases en las distintas épocas históricas. Así, en el antiguo Egipto, en Faraón poseía teóricamente la tierra en nombre de la divinidad, y no existía la propiedad privada (aunque hubo un tiempo en que existió algo parecido al feudalismo: la tierra administrada por los señores).

Si nos vamos a la Grecia antigua, sin embargo, Jules Toutain nos dice:

Si seguimos a Homero y Hesíodo encontramos que toda la propiedad es privada, al menos por lo que se refiere a la tierra cultivable. En ningún lugar se menciona tierra cultivada que sea propiedad colectiva.

Y Sir Moses Funley agrega:

En los poemas de Homero, el régimen de propiedad, en concreto, ya estaba totalmente establecido. El régimen que nos presenta en los poemas era, ante todo, un sistema de propiedad privada. Existía la libertad de disponer de forma ilimitada y libre de todos los bienes muebles. La transmisión de todo el patrimonio de una persona mediante la herencia, los bienes muebles e inmuebles conjuntamente, era algo que se daba por sentado como procedimiento normal después de la muerte.

Después de los grandes filósofos griegos Platón y su genial alumno Aristóteles, el debate sobre la propiedad se ha centrado en responder la pregunta en cuanto a su carácter “natural” (es decir, si la propiedad es consustancial a la naturaleza humana) o “convencional”, o sea, si obedece a una convención o acuerdo de los hombres.

Según nos dice otro tratadista del tema, este principio se encuentra en la raíz de la discusión entre los enfoques morales y pragmáticos, porque si la propiedad es un asunto de la convención, puede ser eliminada, pero si pertenece al dominio de la naturaleza, es un hecho inalterable de la vida.

San Agustín y Santo Tomás de Aquino también se expresaron sobre el derecho de propiedad llegando este último a un concepto de la propiedad muy parecido al de los actuales defensores de la propiedad-función.

La discusión en torno a la validez y carácter de la propiedad privada queda, sin embargo, dirimido con toda claridad cuando llegamos a John Locke (1632-1704).

Observador genial, Locke llega a la conclusión de que lo que da la propiedad sobre un bien, es el valor del trabajo. Analizando por qué el incorporar trabajo a la tierra otorgaba la propiedad de ésta a quien lo había incorporado, nos dice:

Aunque la tierra y todas las criaturas inferiores son comunes a todos los hombres cada cual tiene una propiedad en su propia persona: nadie tiene derecho alguno sobre ésta, salvo él mismo. Podemos decir que el trabajo de su cuerpo y la obra de sus manos son propiamente suyas. Entonces, a todo lo que él saque del estado en que la naturaleza lo ha proporcionado y dejado, le habrá mezclado su trabajo y le habrá añadido algo que es suyo propio, con lo cual lo convierte en su propiedad.

Al sacarlo del estado común en que la naturaleza lo ha colocado, le ha añadido con su trabajo algo que excluye el derecho común de los demás hombres. Pues como este trabajo es de propiedad indudable del trabajador, nadie como él tiene derecho a aquello a lo que dicho trabajo ha sido incorporado, al menos cuando para el uso común queda bastante e igualmente bueno.

Locke deja claro aquí que, al ser nosotros nuestros propios dueños, lo somos también de todo lo que producimos.

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3 pensamientos en “La propiedad en la Historia (I)

  1. “Locke deja claro aquí que, al ser nosotros nuestros propios dueños, lo somos también de todo lo que producimos.” … lo que falto fue: “y todo lo que con algun esfuerzo cuidamos”

  2. La propiedad privada sobre la tierra, los medios de producción, los inmuebles, etc. es la garantía de que nuestra sociedad funcione, si no, miren al experimento socialista.
    No obstante, hay que reconocer que el concepto de propiedad ha acarreado grandes males a la humanidad como el esclavismo.

  3. Excelente artículo licenciado Vallín. Casi todo está dicho en una síntesis a lo Lenin, quien aseguraba que lo bueno, si breve, doblemente bueno. Tengo que referirme al tema del Derecho a la propiedad, tema sobre el cual he cabilado mucho con mis amigos de la Sociedad filósofica de la Universidad de Lund, Suecia donde me gradué en filología de Lenguas nórdicas.
    Es la dimensión psico-humana del derecho a la propiedad individual, familiar y colectiva. Primero, queda por mencionar en el ámbito histórico el periodo prefeudal, cuando los reyes declaraban toda propiedad extensa como parte de la Corona. Una sutileza de origen gótico que fue llevada a toda Europa para apropiarse de las tierras, hacerlas producir en medianías con los agricultores, artesanos y comerciantes y cobrar el 50% de su producto como impuestos en beneficio de la corte real. Es curioso, !es exactamente igual que en los Estados socialistas marxistas!
    Aquello que más me ha interesado es tratar de descubrir por qué necesitamos sentirnos “dueños” de un trozo de tierra. Estudiando desde el Pentateuco, el Derecho según Hamurabi y la legislación sobre la propiedad Asiria, me he encontrado que desde hace más de 5.000 años ese derecho quedo estatuido como inherente al Ser social. Es fácil entender las razones. Si usted forma una familia, usted mismo y esta requiere un espacio vital. Luego los grupos familiares van tomando propiedad de su propio espacio vital, de modo que realizar acuerdos entre los grupos tuvo que ser un principio fiundamental para que aquel que sacaba un producto de la tierra o plantara su tienda donde vivir, ese derecho le entregara la paz mínima de que nadie le podría sacar de ese lugar, a menos que fuera por guerras y grandes conflictos. En otras palabras, el Derecho primitivo a la propiedad de la tierra fue y sigue siendo básico (permítaseme la tautología) para saber donde poner los pies en paz. Por otra parte este concepto tan ancestral explica las urgencias de los depredadores europeos por quitar la tierra que pisaban los indígenas americanos, de modo que ellos se sintieran desARRAIGADOS en su propia tierra. No olvidemos. desarraigados es igual a SIN RAICES. La cuestión tiene mucha cola y mucha tinta que vertir, ya que los socialismos marxistas se apresuraron siempre en desestabilizar la psíquis de “las masas” por el método de hacerles creer que si el Estado socialista se apropiaba de todas las tierras, de ese modo estas pasaban a ser PROPIEDAD DE TODOS, cuando en realidad vinieron a ser propiedad virtual de unos pocos. Quedado el indivíduo desprovisto de su derecho fundamental a la propiedad, era fácil para los líderes obligarles a mudarse donde le antojara al sistema. De ese modo “las masas” fueron fácil presa de los depredadores socialistas, ya que aquellas sin atrraigo podían ser enviados a morir a cualquier otro lugar del mundo, con el cuento del internacionalismo, que en realidad era sovietización del Tercer mundo. Es como usted brillántemente deja entender, un Derecho fundamental que ha servido como instrumento de opresión, en lugar de válvula de escape del descontento popular. A la vez, un muro de contensión del desarrollo de Cuba.

    Prof. Carlos Medina de Rebolledo

    http://www.ipanews.co.uk

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