Si vamos a hablar en serio


Wilfredo Vallín Almeida

Alguien me ha traído un viejo periódico Granma para que vea un artículo publicado en éste rotativo, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba. El artículo se titula “Constitución e Institucionalidad”

El trabajo trata un tema bastante conocido: muchísimos cubanos nunca han tenido en sus manos o nunca han leído la constitución socialista de 1976 que, según el autor del artículo, “tiene un carácter sui géneris… por la plenitud de la participación popular en la discusión del anteproyecto…”

También toca la problemática de lo difícil que se hace conseguir una copia de la Carta Magna cubana y hace votos “por una pronta reedición del texto constitucional cubano, con la seguridad de que será de gran utilidad…”, haciendo hincapié en una serie de aspectos donde la constitución aclara “lo que somos como nación: centralismo democrático, unidad de poder, democracia socialista, soberanía popular…” y un largo etcétera.

No tengo absolutamente nada en contra de la importancia que para cualquier país, tiene su CONSTITUCION cuando es completa, pues el autor considera que los elementos que señala son los que en verdad enaltecen una constitución y basta con ellos. Lo demás es que las personas los conozcan.

Desde mi modesto parecer – que es lo que motiva estas líneas – el autor del citado trabajo omite dos aspectos esenciales que conforman la teoría sobre Derecho Constitucional que él no pudo, no supo o no quiso reflejar en su trabajo. El primero de estos elementos, se denomina simplemente AMPARO.

Una constitución podrá estar escrita de la forma más satisfactoria del mundo, como se dice que lo estaba la constitución soviética en vida de Stalin, pero será letra muerta si no está presente lo que los juristas llamamos AMPARO CONSTITUCIONAL que no es otra cosa que un sistema concebido por la propia constitución para su autoprotección y garantía de su aplicación.

Para los que no lo saben o no lo han visto nunca, le ahorramos la búsqueda: “El AMPARO es un juicio o proceso que se inicia por la acción que ejercita cualquier gobernado ante los órganos jurisdiccionales contra todo acto de autoridad que le cause un agravio en su esfera jurídica y que considere contrario a la constitución, teniendo por objetivo invalidar dicho acto o despojarlo de su eficacia por su inconstitucionalidad o ilegalidad en el caso concreto que lo origine”.

De lo anterior carece la constitución cubana.

Si no existen los mecanismos que garanticen su aplicación genuina, independientemente de los niveles involucrados en la disputa, la Constitución será letra muerta. Eso es el amparo constitucional que sólo puede existir cuando existe un Tribunal de Garantías Constitucionales u otra institución afín, con la suficiente independencia del poder constituido como para conminarlo a que también respete los derechos ciudadanos reconocidos por la Ley de Leyes de la nación.

El segundo aspecto al que quiero referirme es más bien breve, pues se trata de una referencia histórica que pudiera verter luz sobre este asunto. En su archiconocido libro “El Espíritu de las Leyes”, Montesquieu legó para la posteridad: “Cuando el poder legislativo y el poder ejecutivo se reúnen en la misma persona o en el mismo cuerpo, no hay libertad, falta la confianza, porque puede temerse que el monarca o el senado, hagan leyes tiránicas y las ejecuten ellos mismos tiránicamente”.

Resumiendo: Constitución sin Amparo, no es Constitución… si vamos a hablar en serio.

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4 pensamientos en “Si vamos a hablar en serio

  1. !Qué razón lleva usted querido licenciado Vallín! Sin un Tribunal constitucional, no hay Constitución que valga. Y no olvidemos que a todas las constituciones se las denomina Carta fundamental, es decir, donde se establecen los fundamentos del funcionamiento civilizado de una nación. Como recordamos, todas las Cartas fundamentales establecen los principios (resumidamente) de:

    1. Inviolabilidad de la nacionalidad, la cual no puede ser sustraída sin una resolución mayoritaria emanada de una resolución superior, que no puede ser otra que la Asamblea nacional de representantes elegidos por el pueblo en elecciones libres y amparados por el voto secreto.

    2. Definición de los Poderes del Estado, determinando que el Poder legislativo está por encima del poder ejecutivo y que los dos NO PUEDEN interferir en las decisiones que tome el Poder judicial soberano, independiente y responsable de sus propias decisiones.

    3. Definición del territorio nacional y su defensa, dentro de lo cual las fuerzas armadas tienen que ser dependientes del poder civil porque de no serlo ¿quién pudiera garantizar que los militares no se liarán a tiros cuando se presenten puntos de vista contrarios?

    4. Definición de los DERECHOS Y DEBERES de los ciudadanos, porque los ciudadanos no sólo estamos obligados a obedecer las decisiones tomadas por una Asamblea nacional y su ejecución por el poder ejecutivo, sino que también tenemos DERECHOS ciudadanos.

    5. Entre los derechos del ciudadanos tienen que estar la INVIOLABILIDAD del domicilio, ya que de no existir ese principio, se ha demostrado, han sido creadas condiciones de opresión psíquica de los ciudadanos. La secuela son la alta incidencia de psicopatías, que se observan desgraciadamente en cientos de miles de cubanos. De esa inseguridad de domicilio nace la inseguridad ciudadana.

    6. La delimitación de las funciones policiales y su obediencia ante los tribunales y ordenes judiciales, porque de no ser así, los cuerpos de policía se transforman en delincuentes ellos mismos. Esbirros de tiranías en otras palabras. Recuerdo que la policía de los Somoza en Nicaragua llegaron al extremo de exigir multas en metálico a los ciudadanos y se las arreglaban para encontrarle “errores de tráfico” o “actitudes sospechosas” a los ciudadanos para así aterrorizarles y poder cobrar “las mordidas”. ¿Es igual en la Cuba actual?

    7. La delimitación del llamado Cuarto poder, que no es otro que la prensa, de modo que informe verazmente de todo lo que acontece en el país, condición sin equanon del bienestar psíquico de la nación. Sin información veraz, inseguridad psíquica. Si la población siente o intuye que se le miente, deja de creer en el estado como un órgano amigo del país y lo entiende como un ente enemigo al cual hay que sustraerle impuestos, productos, horas de trabajo, etc. Es la causa del colapso de los Estados, y hay docenas de antecedentes históricos en ese sentido.

    8. Por supuesto que también una Carta magna estatuye otros principios, como de la liberad religiosa, de pensamiento, de acción, de realizar viajes dentro fuera del país, sólo delimitada por el Bien común que defiende.

    9. Una Constitución que establece como principio válido el Centralismo “democrático”, o una determinada ideología, se ha hecho el harakiri a sí misma. Como las Cartas magnas se redactan y aprueban en Asambleas constituyentes para establecer los derechos y deberes de TODOS, aprobar una como la cubana ha significado que el pueblo cubano la desconozca como suya. Porque el mismo término “centralismo” es sinónimo de dictadura de unos pocos por encima de las mayorías. Al definir como socialista a la sociedad cubana, se ha condenado a la Constitución a ser parcial, retorcida y no general. ¿Por qué obedecer a una Constitución que desconoce a las mayorías de la nación? Además ¿quién me asegura que esos señores y damas que redactaron la Constitución estaban en lo cierto y correcto cuando no oyeron las opiniones de las mayorías?

    Finalmente, Cuba nunca será civilizada mientras no se convoque a una Constituyente general en donde TODOS sus representantes elegidos libremente puedan expresar sus puntos de vista, correctos o incorrectos, como debe ser para redactar una Carta magna digna de ese nombre.

    Prof. Carlos Medina de rebolledo
    cmedinarebolledo@yahoo.se

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