GARANTIAS CONSTITUCIONALES TURISMO PINAR

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CONSTITUCION DE LA REPUBLICA DE CUBA

ARTICULO NUMERO 41: TODOS LOS CIUDADANOS GOZAN DE IGUALES DERECHOS Y ESTAN SUJETOS A IGUALES DEBERES.

ARTICULO 42: LA DISCRIMINACION POR MOTIVO DE RAZA, COLOR DE LA PIEL, SEXO, ORIGEN NACIONAL, CREENCIAS RELIGIOSAS, Y CUALQUIER OTRA LESIVA A LA DIGNIDAD HUMANA, ESTA PROSCRITA Y ES SANCIONADA POR LA LEY.

LAS INSTITUCIONES DEL ESTADO EDUCAN A TODOS, DESDE LA MAS TEMPRANA EDAD, EN EL PRINCIPIO DE LA IGUALDAD DE LOS SERES HUMANOS.

Enrique es un buen cubano. Hace pocos días le vi y le reproché que no fuera por casa a tomar café y a conversar, a lo que me ripostó, evidentemente contrariado, que en esos momentos no tenía apenas tiempo para nada, que estaba como loco en el trabajo, y me explicó.

Estuvo por más de veinte días en funciones de trabajo en Cayo Levisa, en el litoral norte de la provincia de Pinar del Rio, para suerte de los cubanos de a pie, uno de los últimos reductos del turismo exclusivo para extranjeros.

Mi amigo es técnico en refrigeración y labora en una de las empresas de aseguramiento del Ministerio del Turismo. Su empresa, como fiel reflejo de la economía nacional, los manda con salario normal, sin plus salarial, a tiempo completo y albergue el que le pudiera brindar la entidad donde vayan a prestar sus servicios. Por suerte para ellos, cuando llegaron se encontraron con una gerencia humana, tanto cubana como su homóloga española y les ofrecieron desayuno y almuerzo en el comedor obrero y la comida, en aras de estimularlos en virtud de la complejidad del trabajo y lo prolongado de las horas del mismo, a realizarla en la mesa bufet de la instalación hotelera.

Todo transcurrió en aparente armonía hasta que llegó el que parecía por sus actos el dueño del turismo y de las instalaciones hoteleras de Pinar del Rio, el delegado del MINTUR en la provincia, quien al sentarse a comer en la mesa bufet, se encontró con que un grupo de seis trabajadores de La Habana comiendo en ese lugar. Sin decir palabra alguna -y luego de terminar su suculento plato-, se dirigió a las oficinas de la gerencia del hotel a increpar y pedir explicaciones por haber encontrado a esos trabajadores cubanos comiendo allí, ya que en ese cayo no está permitido que los cubanos se junten con los extranjeros; por cierto a excepción de él, quien tiene fija una habitación para su uso personal y por supuesto la de la acompañante de turno , y la que jamás puede el hotel alquilar, aun cuando él no se encuentre en el territorio nacional.

El final fue que ni la gerencia cubana, ni aun la española, pudieron contra la arbitrariedad del afamado delegado del turismo de la provincia, regresando los trabajadores de la capital al comedor obrero; con la salvedad de que se impuso la solidaridad obrera y fueron los propios trabajadores del hotel los que, opuestos a la discriminación y a la falta de hospitalidad para con sus compañeros de La Habana y con la lógica simple de los humildes , que es al final de cuentas la que siempre se impone ,se encargaron de llevarles al comedor obrero , todo cuanto quisieran comer de la mesa bufet; sí, de aquella misma de la que sólo podían comer los extranjeros y también el tristemente célebre delegado del MINTUR.

¿Será que en mi país, hace falta un tribunal de garantías constitucionales?

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